Saturday, October 03, 2009

Sciascia y el terrorismo

Para el escritor sicialiano el terrorista no deja de ser un moderno inquisidor que actúa de acuerdo a un métodico cálculo estadístico. "No hay ninguna diferencia entre un brigadista rojo y un inquisidor de la época de la Inquisición española, no más de la que habría entre ese inquisidor y el estalisnista convencido de los años cincuenta. Malraux decía de Stalin que, a su juicio, tenía un pensamiento estadístico, y estaba en lo cierto. Stalin pensaba: Si elimino a fulano, que ha conocido a mengano, que ha conocido a zutano, que ha conocido a un fascista , ya no habrá fascistas, me los habré sacado del medio progresivamente. El inquisidor pensaba también así, que eliminando al que había conocido al hereje, suprimiría la herejía. Y los procesos de los inquisidores eran por lo menos tan complejos como los estalinistas", dice "Sicilia como metáfora".

Sunday, August 16, 2009

En busca del tiempo perdido

"Lo mismo pasa con nuestro pasado. Es tiempo perdido procurar evocarlo, todos los esfuerzos de nuestra inteligencia son inútiles. Está oculto lejos de sus dominios y de su alcance, en algún objeto material (en la sensación que puede darnos ese objeto material), que no sospechamos . Depende del azar que encontremos ese objeto antes de morir, o que no lo encontremos". Marcel Proust, "En busca del tiempo perdido", Editorial Losada, Libro I, Página 64.

Thursday, June 18, 2009

Leibovitz: 'Me doy por satisfecha si hago cinco fotos buenas en un año'


(Fuente: http://www.elmundo.es/) Annie Leibovitz mira sus propias fotografías con un punto de distancia. Concentrada no en lo que está viendo, sino en aquello que ha vivido en cada una de sus imágenes. Suele pasar con algunos fotógrafos: lo que importa de una instantánea late por debajo, allí donde comienza esa magia de lo que no se ve, una historia, una aventura, un mensaje, una huella, un amor.
Leibovitz (Connecticut, 1949) forma parte de la íntima tribu de fotógrafos que ha hecho de su trabajo un referente global. El retrato, el paisaje, la escena íntima, el 'glamour' desmedido de las estrellas de cine, el lujo... Todo esto conforma el ADN de su obra. Ha retratado a la Reina de Inglaterra y a Keith Haring, a Demi Moore embarazada, a Brad Pitt o la agonía de su padre, un cuerpo acribillado en Sarajevo y un atardecer color azafrán desde una orilla del Nilo. Algunas de estas imágenes han sido portadas de 'Vanity Fair', de 'Vogue', de las mejores revistas. Comenzó en 'Rolling Stone' en los años 70. E inauguró una forma de mirar con algo de punk y un volcán en las córneas.
Según consenso, una de las mejores portadas del siglo XX viene firmada por ella. Fue en 'Rolling Stone', con aquella foto en la que John Lennon desnudo se abraza en el suelo al cuerpo tumbado de Yoko Ono, vestida. Era el 8 de diciembre de 1980. Ese mismo día, cinco horas después, Mark David Chapman descargó seis 'plomos' en el enjuto cuerpo del músico cuando entraba en el portal de su casa, en el edificio Dakota de Nueva York.
Pero si hay una presencia que gravita por el aire de la exposición es la de la escritora estadounidense Susan Sontag, su amante, su cómplice, su compañera. "Era una mujer maravillosa", dice con un punto de nostalgia.
Es más que una fotógrafa de moda. Es más que un ojo educado con precisión para sacar de una imagen publicitaria el caldo de algo nuevo. Es, esencialmente, una exploradora febril de rostros y de escenas, capaz de traspasar la anécdota para enseñar lo que hay por debajo de la piel del mundo. Hasta el próximo 3 de septiembre muestra en la Sala de Exposiciones de la Comunidad de Madrid, una exposición reveladora de sus últimos 15 años en el oficio: 'Annie Leibovitz: vida de una fotógrafa. 1990-2005', impulsada por la Consejería de Cultura.
"Es una auténtica revolucinaria de la fotografía", comentó Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad, en la presentación de la muestra. Al lado, Annie Leibovitz sonreía. Metro ochenta de estatura, la melena rubia y suelta, ojos de voracidad detrás del perímetro breve de las gafas. Las manos grandes de foquista. El verbo rápido para ir dando alguna pista más sobre sí misma, sobre su trabajo, sobre la vida: "Qué misterio la vida, ¿eh?", apunta con una mueca interrogante.
Las palabras de Leibovitz
Considera que lo que tiene que decir lo cuentan mejor en su obra, por eso no concede (casi nunca) una entrevista.
- Esta exposición despliega una parte muy íntima de su vida, ¿de algún modo es un exorcismo que había que hacer?
- Bueno, exorcismo es una palabra dura... Es curioso, antes pensaba en las fotos personales que hay en la muestra (incluso en las que no hay) y lo que veo en verdad es un enorme amor. Me siento muy afortunada de poder haber hecho todo este trabajo. Para mí no es algo que ahora vea con distancia, sino que lo siento como algo que me acompaña, que viaja conmigo. ¡Qué privilegio! A veces pienso que nosotros, los que están en las fotografías, incluso las fotografías terminaremos siendo lo mismo: polvo.
- Susan Sontag es una presencia del algún modo constante en la muestra...
- A través de las instantáneas entiendo algo más de la relación que he tenido con Susan. Entiendo así la fotografía como parte de esta relación. Y me sucede lo mismo con los retratos de mi padre. ¿Qué relación tuve con él? Pues lo voy entendiendo a través de ciertas imágenes íntimas. Más que una memoria de mi vida, mis fotos son una evidencia, una prueba de mi existencia.
- ¿Diría que todo esto es un autorretrato vital y sentimental?
- Lo es. La fotografía es un medio maravilloso. Ahora, con estas instantáneas rodeándonos, estamos lo más cerca posible de lo que yo soy. Y de algún modo ellas nos dicen las miles de formas diferentes en que puedes utilizar una imagen, cómo dirigirla. Aquí hay fotos personales y de encargo, pero en mi caso son dos vertientes que se equilibran, incluso que se necesitan, una tira de la otra.
- Pero lo que más se conoce de usted es esa obra de encargo.
- Cierto. Y mucha parte de esa obra creo que es basura, pero luego hay una parte muy buena. Me doy por satisfecha si hago cinco fotos buenas en un año. Conozco la diferencia entre una buena foto y otras de circunstancias... Pero el verdadero trabajo personal es la edición del material.
- ¿Trabaja con la misma libertad que en los años 70, cuando hacía aquellas portadas tan insólitas para 'Rolling Stone'?
- Creo que mantengo esa libertad, pero con la responsabilidad de los años y del tiempo también crecen los miedos. La semana próxima tengo un trabajo y ya estoy nerviosa, pensando cómo lo voy a resolver. Aunque usted me pregunta por aquellos trabajos míos de los años 70... Entonces yo era una niña... Me gusta ver aquellas fotos, pero no olvido la edad que tenía entonces, ni la ingenuidad. Lo que me gustaba entonces era ser joven, no tener prejuicios, lanzarme a los retos de cabeza. Pero llegar a una edad como la mía me permite saber realmente lo que hago. Eso es mucho más interesante. No quiere decir que pierdas pasión, pero entran en juego muchas variables que te pone delante la vida.
- Además de la capacidad de observación, sus instantáneas buscan una profundidad psicológica.
- Eso es lo que me gusta conseguir. De eso depende la perdurabilidad de una imagen, sólo así puede incluso modificar tus ideas sobre un paisaje concreto o sobre alguien.

Saturday, June 13, 2009

El ojo de Leonardo


"En circunstancias adecuadas y a la distancia apropiada el ojo se engaña menos que ningún otro sentido, porque, como ya demostraré, ve a través de líneas rectas que forman una pirámide, cuyo vértice apunta sobre el ojo y su base se apoya sobre el objeto contemplado", escribió Leonardo Da Vinci en 1498, en su "Tratado de la Pintura".

Si bien nunca pudo acabarlo, defiende allí la preminencia de la pintura por sobre el resto de las artes, incluidas la poesía, la música y la escultura, sentando las bases de lo que denominó como la "ciencia de la perspectiva" y por lo tanto de la composición moderna.

Tuesday, February 24, 2009

Ex libris

Desde el balcón cerrado puede ver la zona céntrica de Rosario gracias a un claro que providencialmente ha resistido al boom inmobiliario que transformó la imagen de la ciudad durante el último lustro. Sin siquiera dudarlo, ubicó allí los siete estantes de un metro y medio de largo que ocupa su recobrada biblioteca.
Tras desembalar las cajas que llegaron en un transporte, se puso a ordenar los viejos volúmenes que fue acumulando durante las últimas dos décadas de su accidentada vida. Mientras quitaba con una franela húmeda el polvo adherido a las tapas y contratapas, fue encontrándose con verdaderos pedazos de su vida intelectual. De algunos títulos se acordaba perfectamente incluso de hasta el día en que los había comprado. De otros solamente guardaba vagos recuerdos.
Sin embargo, como lector profesional que se había ganado buena parte de su vida redactando reseñas bibliográficas, tenía un acabo conocimiento de cada ejemplar y cada autor atesorado en su biblioteca personal.

Wednesday, January 14, 2009

La perspectiva de los rincones

Al igual que yo, seguramente muchos otros tienen la costumbre de observar la realidad desde puntos de vista marginales y por qué no, algo excéntricos. La "mirada desde el rincón" denota no solamente cierta introversión, sino también, una ética de la observación que mezcla la curiosidad con la modestia.
Este es uno de los rinconcitos desde los cuales miro todos los días a Rosario.


Wednesday, October 08, 2008

Pintadas discriminatorias en vísperas del Día del Perdón

La asociación que nuclea a 140 entidades judías de la Argentina emitió un comunicado en repudio del atentado denunciado por CASTELLANOS en su edición de ayer. En el mismo sentido se manifestaron la secretaria de Derechos Humanos de la provincia, Rosa Acosta, el intendente Omar Perotti y los miembros del Concejo Municipal.
El presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Aldo Donzis, expresó ayer su “más enérgico repudio por cualquier expresión antisemita, en particular por la que ocurrió en Rafaela”, en diálogo con la Agencia Judía de Noticias (AJN).
Según el despacho de dicha agencia “en esa localidad del oeste santafesino aparecieron dos cruces esvásticas pintadas con aerosol que sorprendieron a los vecinos de Rafaela y a la comunidad judía local, que está conmemorando el Iom Kippur ("Día del Perdón"), una de las fechas sagradas del calendario religioso. El ataque antisemita fue difundido por el diario Castellanos”.
En igual sentido se expresaron la secretaria de Derechos Humanos de la provincia, Rosa Acosta, el intendente Omar Perotti y los bloques que integran el Concejo Municipal de la ciudad.
Las esvásticas quedaron estampadas sobre la fachada del Centro Cultural, que funciona en dependencias la Sociedad Italiana y a pocos metros de la sede de la comunidad judía.
"En tres oportunidades intentaron entrar a nuestro espacio, rompiendo la puerta, metiendo cosas dentro de los candados, y nosotros no hacemos denuncias para no entrar en polémicas. Pero el hecho de que lo hagan durante nuestras celebraciones más sagradas, nos preocupa mucho y nos entristece", afirmó a CASTELLANOS la presidenta de la comunidad, Elke Kurganoff.
El presidente de la DAIA lamentó la aparición de las pintadas antisemitas “sobre todo en un edificio de la comunidad italiana, que es una comunidad hermana nuestra”, al referirse a las pintadas hechas sobre las paredes de la “Societá Italiana Vittorio Emanuelle II”.
La secretaría de Derechos Humanos, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Rosa Acosta, sumó su repudió “al ataque antisemita contra una sede de la comunidad judía en Rafaela, ocurrido hace pocos días, cuando en vísperas de la celebración del Año Nuevo Judío aparecieron dos cruces esvásticas pintadas con aerosol a metros de la sede de la entidad”.
La funcionaria provincial tomó contacto ayer con el titular de la DAIA Santa Fe, Marcelo Borobiof, y con la presidenta de la comunidad judía de Rafaela, Elke Kurganoff, a quienes les transmitió el repudio del gobierno provincial frente a estos hechos discriminatorios, así como su solidaridad con la comunidad israelita de Santa Fe.
Acosta adelantó que solicitará ante las autoridades que correspondan, mediante el acto administrativo pertinente, “que se supriman las pintadas que hagan referencia a conductas discriminatorias en lugares y espacios públicos en todo el territorio de la provincia, a fin de generar una cultura democrática de los derechos humanos y promover el respeto por las diferencias”.

Declaración de Perotti
A través de una carta enviada a Elke Kurganoff, titular de la Comunidad Judía de Rafaela, el intendente Omar Perotti repudió las pintadas antisemitas que aparecieran días pasados en un edificio lindante a esa entidad.
En la misiva, Perotti se solidariza con la institución y la comunidad judía rafaelina, a la vez que se pone a disposición para cualquier necesidad que se crea indicada.
"Agresiones como esta merecen la total condena de toda nuestra comunidad, en tanto intentan quebrar un marco de diálogo y respeto entre todas las expresiones religiosas que tienen vida en nuestra ciudad", manifetó Perotti.
"Hago llegar mi plena solidaridad ante este triste acontecimiento y me pongo a su entera disposición para cualquier necesidad que usted crea indicada", concluye el intendente.
En el mismo sentido se expresaron los bloques de concejales del Partido Justicialista y del Frente Progresista, Cívico y Social.

Noticia con repercusión nacional
Los principales diarios del país dieron cuenta de la noticia difundida en el día de ayer por CASTELLANOS. El diario Clarín de Buenos Aires, en su portal Clarín.com, tituló “Rafaela: denuncian pintadas antisemitas en una fecha sagrada para el judaísmo”; mientras que El Litoral, de la ciudad de Santa Fe, en su portal electrónico, consignó que “Un ataque antisemita conmueve a la comunidad judía rafaelina”. Asimismo, el atentado fue cubierto por los diarios La Capital de Rosario y Crítica de Buenos Aires, además de numerosos portales noticiosos de todo el país.

Wednesday, October 01, 2008

Premio Nobel a la indiscreción

Unas declaraciones del secretario de la Academia Sueca levantan ampollas al tachar la literatura estadounidense de "insular" e "ignorante" frente a la europea. "Estados Unidos es demasiado insular, está demasiado aislado. No traducen lo suficiente y no participan en el gran diálogo de la literatura. Ese tipo de ignorancia les limita. Son demasiado sensibles a las modas de su propia cultura de masas". El peso de estas palabras no sólo se debe a su contundente contenido sino, sobre todo, a su autor. Lo lógico sería pensar que alguien que participa en la decisión anual de conceder el premio Nobel de Literatura como Horace Engdahl, secretario de la Academia Sueca, debería saber medir el impacto de unas declaraciones así. Pero Engdahl no sólo realizó esta crítica abierta a la literatura estadounidense a una semana escasa de que se falle el premio en Estocolmo, sino que rizó el rizo añadiendo: "Obviamente en todas las grandes culturas hay literatura sólida, pero no se puede obviar el hecho de que Europa sigue estando en el centro del universo literario mundial y no Estados Unidos".
Las reacciones a sus palabras, dichas en una entrevista a la agencia Associated Press, no se hicieron esperar en un país que ha albergado entre otros nobel (no muchos, es cierto) a Ernest Hemingway, Saul Bellow o John Steinbeck. "Sería deseable que el secretario permanente de una Academia que pretende ser sabia pero que históricamente ha pasado por alto a Proust, Joyce y Nabokov, por mencionar sólo a algunos de los no-nobel, nos ahorrara lecturas categóricas". Así le ha contestado David Remnick, el director de la revista The New Yorker, en la que han publicado las mejores plumas estadounidenses del siglo XX. Remnick, premio Pulitzer, periodista y escritor, además añadió: "Y si observa con atención la escena estadounidense con la que está lidiando, verá la vitalidad de la generación de [Don] DeLillo, [Philip] Roth o [John] Updike, así como la de escritores jóvenes, muchos de ellos hijos de inmigrantes que escriben en su inglés de adopción".
Es cierto que los propios escritores estadounidenses se han quejado de la falta de traducciones en un país en el que apenas el 3% de lo que se edita procede de nacionalidades de habla no inglesa. "Y los propios escritores hemos hecho una llamada de atención al mundo editorial. Necesitamos más traducciones", aseguró ayer Michael Roberts, director ejecutivo de la asociación de escritores PEN American Center. Sin embargo, ese tipo de insularidad no puede confundirse con el estado de salud de la literatura estadounidense, que hace apenas dos semanas lloraba la pérdida de un autor como el joven David Foster Wallace, considerado uno de los grandes innovadores de las letras actuales. "Creo que los escritores estadounidenses están en la vanguardia del diálogo literario. Hay preocupación por lo que ocurre dentro y fuera de Estados Unidos y eso se refleja en los libros. El intercambio cultural da fuerza a la literatura y en la estadounidense la influencia de la inmigración es muy fuerte. El resultado es un tipo de ficción vibrante y excitante" añadió Roberts. En ese sentido, también señaló que los escritores estadounidenses son los principales "embajadores" de la literatura extranjera en Estados Unidos por lo que no resulta justo acusarles de vivir aislados. "Philiph Roth lleva toda la vida descubriéndole a Estados Unidos grandes autores europeos", dijo Roberts. Una labor que comparten ahora autores más jóvenes como Junot Díaz o Francisco Goldman, que han contribuido al descubrimiento en Estados Unidos del chileno Roberto Bolaño, todo un fenómeno editorial en el país.
Por su parte, Harold Haugenbraum, el director ejecutivo de la fundación que concede los National Book Awards, declaró su intención de enviarle a Engdahl un listado de lecturas imprescindibles. "Este tipo de comentarios me hace pensar que ha leído muy pocos libros al margen de lo conocido y que tiene una visión muy estrecha de lo que significa literatura hoy".


Cinco en 60 años
- A lo largo de las seis últimas décadas, tan sólo cinco autores procedentes de Estados Unidos han recibido el Premio Nobel de Literatura de manos de la Academia Sueca, frente a un claro predominio de autores europeos.
1949. William Faulkner. (Luz de agosto, El ruido y la furia).
1954. Ernest Hemingway. (Por quién doblan las campanas, Fiesta).
1962. John Steinbeck. (Las uvas de la ira, La perla).
1976. Saul Bellow. (Las aventuras de Augie March, El legado de Humboldt).
1993. Toni Morrison. (Jazz, Paradise).


Publicado por Bárbara Célis en El País, Madrid.

Saturday, September 06, 2008

El placer del fotoreportaje

Para cualquier fotógrafo, sobre todo aquellos que como yo, se dedican al fotoperiodismo, el fotoreportaje es un subgénero que provoca grandes satisfacciones. El último que hice se titula "Un día a bordo del Tren Sanitario" y para mi tiene un significado especial porque tuvo lugar en el pequeño pueblo de Las Palmeras, donde en 1938 nació mi padre.






En el camino de Perez Torres

El septuagenario derrotero de CASTELLANOS coincide con las décadas más oprobiosas de nuestra República. Nacido el 7 de septiembre de 1938, es decir, a fines de la denominada “década infame”, nuestro diario, al igual que muchos medios gráficos colegas, debió sortear los períodos más oscuros de la historia nacional, tarea que se realizó de manera digna e íntegra, sin ningún tipo de claudicación.
CASTELLANOS fue desde sus mismos comienzos un medio de comunicación independiente y crítico, aunque también comprometido con valores innegociables como la democracia y la libertad.
Precisamente por el apego que tuvo al principio de libre expresión sufrió clausuras y actos de intimidación que incluso llegaron a comprometer la integridad física de sus fundadores, Francisco Pérez Torres y Juan Bautista Audenino. Las ediciones en papel estrasa que aún se conservan en nuestra redacción, son el crudo testimonio de un pasado sombrío donde el gobierno de turno retaceaba arbitrariamente la provisión de papel para acallar las voces disonantes.
Sin embargo, la historia de CASTELLANOS no sabe solamente de oscuridades, sino también de luminosidades, ya que es uno de los pocos diarios valientes que nunca se callaron, tal como demuestra nuestro decidido y explícito apoyo a los productores de la ciudad y de la zona en el último gran conflicto agropecuario.
No podría haber sido de otra manera, ya que nuestro origen se confunde con el de las comunidades que surgieron a fines del siglo XIX al ritmo de la agricultura, la ganadería, la lechería, el comercio y la industria.
Si algo nos ha distinguido, a lo largo de estas siete décadas largas y turbulentas, creemos que es nuestra coherencia con los principios democráticos y los intereses regionales que estuvieron presentes desde nuestra fundación.
CASTELLANOS no es solamente pasado, sino también un presente mezclado con un futuro soñado. La reivindicación de los valores que nos guiaron desde siempre, sumado a un plan de expansión regional que amplía nuestra área de cobertura a las principales localidades de una vasta región, se potenciará con la nueva planta rotativa que tenemos previsto instalar.
Contrariamente a lo que se pensó, las nuevas tecnologías no eclipsaron los medios gráficos de comunicación, sino que los potenciaron, multiplicando sus posibilidades y redefiniendo su rol en la sociedad.
CASTELLANOS, como otros tantos diarios, logró sobreponerse a la llegada de la televisión y a Internet, porque supo adaptar los principios que rigen el periodismo independiente y crítico a las nuevas tecnologías.
El septuagésimo aniversario nos encuentra fortalecidos, con un pasado que nos motiva y un futuro caracterizado por metas y desafíos periodísticos y empresarios.
Creemos que nuestra historia honra la historia de nuestra comunidad y eso, para nosotros, resulta más que suficiente para seguir en el camino que trazaron nuestros fundadores, Francisco Perez Torres y Juan Bautista Audenino.

Saturday, August 30, 2008

Valparaiso

I

Raquel llegó a Valparaíso por tierra, cruzando los Andes, desde Argentina. El viaje no fue fácil pero ella lo disfrutó mucho. El dolor de cabeza que le produjo el apunamiento, consecuencia directa del ascenso hasta los 4.900 metros de altura, no impidió que se regocijara con la vista del río Agua Negra ni con los glaciares que se encuentran a un costado del camino.
Pasó junto a su pareja unos días en La Serena, donde disfrutó de las amplias playas que tiene esta ciudad balnearia del norte chileno. Como muchos otros turistas, recorrió el puerto de Coquimbo y comió mariscos en las fondas del mercado ubicado a un costado del muelle de pescadores.
Deambuló despreocupadamente sin saber muy bien qué hacer. La aventura que ideó con tanta anticipación en su país de residencia, había terminado y sin embargo, continuaba viajando y se encontraba a miles de kilómetros de su familia y de su hogar.
Pensó en subir hasta Perú, atravesando el desierto de Atacama, el más seco del mundo, según refieren los chilenos, pero descartó la idea sin saber muy bien el porqué. Sin pensarlo demasiado compró un boleto hacia el puerto de Valparaíso, ubicado unos cuatrocientos kilómetros hacia el sur, probablemente atraída por su bello y sugerente nombre.
El viaje fue tranquilo y pudo disfrutar de la vista del océano que la autopista número cinco ofrece espaciadamente en esa parte del país. Sin embargo, conforme el bus avanzaba, trepando trabajosamente las colinas y descendiendo silenciosamente las pendientes, se iba sintiendo agobiada por una sensación extraña de la que sólo podía identificar la desesperanza.
¿Por qué había viajado como un nómada en los últimos cinco años?, se preguntó pero prefirió no contestarse y se embarcó en una charla trivial con su acompañante, quien también mostraba signos de sentirse fatigado.
El bus dejó la autopista central de Chile al atardecer y se internó por la ruta que conduce al mar. Llegó a la ciudad portuaria de noche, arrastrada por un tránsito demencial. La primera impresión no le gustó. El taxi la dejó en la ciudad vieja, frente a un hotel de tercera categoría que amenazaba con derrumbarse.
El incesante ir y venir de los pobladores la dejó perpleja y sin aire. Sin embargo, se dijo que estaría cansada y que luego de cenar dormiría y se levantaría al día siguiente con mejor disposición para conocer la ciudad.
Fue así. Se levantó a media mañana, reconfortada por el largo e ininterrumpido descanso. Después de ducharse desayunó en la habitación, tomó una guía para turistas en la conserjería y salió entusiasmada a recorrer las calles.
El tránsito no había cambiado mucho y vio azorada cómo cientos de minibuses recorren el área céntrica a una velocidad temeraria, compitiendo entre unos y otros y atacando ferozmente al resto de los automovilistas y a los peatones.
La mañana era destemplada. El comienzo del otoño austral, que había pasado casi desapercibido en La Serena, aquí se señoreaba por todas partes, empezando por un cielo plomizo que se asociaba perfectamente con el smog y la bruma marina.
No le interesaba demasiado la historia de Chile, aunque sabía que Valparaíso siempre fue el principal puerto nacional. Además, solía decirse a sí misma y a sus amigos, cada vez que regresaba de una travesía, en reuniones que duraban horas y sus relatos contribuían a aminar, que podía conocerla en su propio país, echando mano a la fabulosa biblioteca municipal de su ciudad natal. En sus numerosos viajes se limitaba a observar a la gente y los paisajes, urbanos o silvestres, volcando todo en cuadernos de papel reciclado.
Claro, ahora todos los jóvenes de su país viajaban compulsivamente, sin saber por qué y para qué. Pero ella no se parecía al promedio. Prefería salir sola, o como en este caso, con una pareja no muy estable, y mezclarse con los nativos, moviéndose de país en país sin un plan preconcebido.
Su amigo intuía que le gustaría encontrar un lugar en donde quedarse y que el movimiento continuo que se imponía a sí misma comenzaba a angustiarla. Las memorias de los distintos lugares que había visitado a lo largo de los últimos años empezaban a confundirse. Con frecuencia cambiaba el orden de cada viaje y situaba las experiencias que había vivido en los sitios equivocados. ¿Fue en Madrás donde compramos el kaftan azul bordado?, le preguntaba a su compañero de aventuras, con una expresión más parecida al ruego que a la interrogación.
Por eso llevaba consigo su diario de viaje, donde registraba sin método alguno todo tipo de hechos y observaciones. Esa mañana, en el café del mirador del puerto, al que había llegado mediante los pintorescos elevadores públicos que caracterizan a Valparaíso, anotó una frase extraña: “Volver no tiene demasiado sentido”.
Mientras bebía su café expreso, observó la anotación que había realizado unos minutos antes. Su caligrafía había desmejorado en los últimos años, aunque todavía conservaba la sobria elegancia adquirida durante la escuela básica. Le gustaban los trazos verdes sobre el papel amarillento y esa sensación la ayudó a dejar de lado el sentido de la frase. “Joder, estás viajando, Raquel”, se dijo mientras echaba una nueva mirada a la vista del viejo puerto ultramarino, donde el color verde oliva de los buques de guerra contrastaban con el colorido de los transportadores de contenedores que llegaban desde todas partes del planeta.
Entusiasmada, prefirió regresar a pie, bajando por las calles empinadamente serpenteantes, sabiendo que lo más probable es que fuera a perderse. La sensación de la bajada abrupta la regocijó. Las piernas caminaban solas, tomando la delantera, obligándola a inclinarse hacia atrás para no caer de bruces. Un leve cosquilleo le subía desde el bajo vientre y le subía por el torso, cambiándole la expresión de la cara que recibía con gratitud la frescura de la brisa marina.
Contempló satisfecha cada una de las pintorescas esquinas, con el detenimiento fugaz aunque atento de los mejores fotógrafos y se internó por la caótica área comercial como si en realidad estuviera en otro mundo.
Llegó al destartalado hotel fatigada y con las piernas temblorosas, gracias a las indicaciones que le dio un transeúnte de aspecto amigable. Se recostó en la vieja cama de hierro cerrando los ojos, tratando de retener y reproducir las imágenes que captó durante su paseo de ascenso a los morros. Se durmió viendo una esquina de color cielo y un barco con contenedores rojos, amarillos y azules brillando en medio de la brumosa bahía.

II

Se despertó al anochecer con el ruido de una bocina y los reproches de una pareja. Miró asustada el reloj y por un momento pensó que no sabía donde estaba. El acento chileno de los contendientes y el olor a humedad del cuarto la devolvieron rápidamente a la realidad. Se preguntó que hacía allí y se dio cuenta que su amigo la había abandonado una vez más.
La relación que mantenían no podía ser encasillada. Su madre siempre se lo recriminaba, puesto que Raquel era la menor de tres hermanas y según su estrecho parecer, había llegado al mundo para complicar lo más simple.
A sus 35, su atractivo no solamente no había retrocedido, sino que incluso hasta se había intensificado. En la penumbra del cuarto, recordó la tarde en que un amigo le dijo que estaba en la mejor edad para una mujer y aunque se sintió halagada, lo rechazó sin mayores miramientos.
Nunca había podido aferrarse a un hombre y en cierto modo sufría por ello, aunque muchas veces disfrutaba de su libertad, una libertad que en los peores momentos se transformaba en una soledad amarga que amenazaba con destruirla.
La comparación con Margarita y Antonia, sus dos hermanas mayores, no la favorecía en absoluto. Las dos se habían casado jóvenes, luego de breves frustraciones amorosas y le habían dado a su madre varios nietos tan adorables como revoltosos.
Ella seguía allí, a un costado, tratando de esquivar las acusaciones de su madre, viendo cómo las familias de sus dos hermanas se ampliaban y consolidaban prácticamente si sobresaltos.
Disfrutaba del contacto con sus sobrinos pero le dolía el progresivo silencio amonestador en el que se iba sumiendo su madre, conforme iba envejeciendo. Lo que al principio no eran más que lógicas prevenciones, con el tiempo habían mudado en amargos y silenciosos reproches.
Sin embargo, la frustración de su familia no era de gran importancia para ella. Si bien ocupaba gran parte de sus pensamientos, hacía varios años que se había entregado a quienes la juzgaban. Ahora buscaba otras cosas, aunque no sabía bien cuáles eran.
Si hubiese sido capaz de disfrutar de la poesía, hubiera advertido que se encontraba en la misma ciudad donde vivió el gran poeta chileno Pablo Neruda. Pasó por alto el detalle cuando hojeó el folleto turístico que había guardado en la mochila, aunque el nombre de La Sebastiana le produjo una sensación difícil de definir, cercana a la extrañeza, ya que pocas veces había escuchado ese nombre en su versión femenina.
Cuando terminó de asearse se dio cuenta que no había comido en todo el día y se decidió a buscar uno de esos restoranes que atraen a jóvenes viajeros de todo el mundo, sin darse cuenta que su ilusión de encontrar otro compañero de aventuras volvería a verse frustrada una vez más.
En efecto, si bien a esa hora la fonda estaba repleta, no encontró a ninguna persona interesante con quien hablar y se sumió en un silencio desolador que hizo que tuviera ganas de estar en casa de su madre, junto a sus hermanas, sus esposos y sus hijos. Esa sensación la inquietó todavía más, ya que tomó conciencia que estaba muy lejos de lo que en definitiva consideraba su familia. Pensó en escribir un e-mail y salió del local en dirección de un cyber café para cumplir con su cometido.
Caminó dos o tres cuadras por calles y veredas angostas mal iluminadas hasta que dio con un negocio donde adolescentes chilenos pasaban las horas jugando. Se sentó frente al ordenador número doce, abrió su casilla de correo y comenzó a escribir. Al cabo de unos minutos despachó el mensaje sin saber muy bien lo que decía y volvió a su sórdido cuarto de hotel.
Pensó que se avecinaba otra larga noche, similar a la que tantas veces había afrontado sin demasiada valentía, saliendo en la mayoría de los casos indemne, salvo algunas heridas que prefería no recordar y se había acostumbrado a confinar en el rincón más oscuro de su memoria.
Sin embargo, tras recostarse e intentar vanamente concentrarse en la lectura, sintió ganas de volver al mirador para observar las luces del puerto y la ciudad desde lo alto. Se incorporó en la cama desvencijada, tomó un abrigo ligero, se recogió la cabellera y salió a la calle para tomar un taxi.
El camino hacia el mirador se le hizo largo. El conductor, un chileno con rasgos mapuches, la interrogó de manera impiadosa. Evadió cada una de sus preguntas indiscretas, concentrándose en cada curva y contra curva, sabiendo que muy probablemente debería regresar a pie en medio de la madrugada.
Se bajó en el estacionamiento del café que había visitado por la mañana…

Sunday, July 27, 2008

Peregrinación a la colina de Wagner

(Por Juan Ángel Vela del Campo - El País) El Festival de Bayreuth se ajusta como un guante a las exigencias básicas que, según Steiner, debería cumplir un festival de música y teatro. Según el influyente filósofo, los festivales deben situarse en el terreno de la excepcionalidad, y a ellos se debe ir a ver o escuchar preferentemente aquello que no es posible ver o escuchar en los lugares donde se vive habitualmente.
Nadie sale de estampida al final aunque lleve siete horas de santificación wagneriana dentro
La excepcionalidad de Bayreuth (Alemania) está desde luego garantizada. Tiene un teatro único en el mundo pensado o soñado por Richard Wagner para representar sus obras, en particular Parsifal, que se estrenó allí en 1882, y El anillo del nibelungo con cuyo ciclo completo, en un prólogo y tres jornadas, se inauguró en 1876 el singular edificio de acústica en cierto modo vertical, sin foso orquestal a la vista del espectador y con patio de butacas en forma de anfiteatro.

Wagner escogió el lugar y se instaló con su familia en la Villa Wahnfried de la tranquila ciudad del norte de Baviera en abril de 1874. En el jardín de la parte posterior de la casa reposan sus restos en una tumba de extrema sencillez visitada por prácticamente todos los espectadores que se acercan a los festivales. También en Bayreuth, en el cementerio a la salida de la ciudad, se encuentran los restos mortales de Liszt. Y no excesivamente lejos de la casa-museo de Wagner se levanta uno de los teatros barrocos más bellos de Europa. Su imagen se difundió por todo el mundo hace unos años gracias a una película sobre Farinelli allí rodada. Pero a lo que íbamos, el 22 de mayo de 1872, día del 59 cumpleaños de Wagner, en la colina de Bayreuth, se puso la primera piedra del teatro destinado a hacer realidad la aspiración a la "obra de arte total", esa unión de música, teatro, escenografía, canto y pensamiento que Wagner perseguía con sus creaciones. Es imposible desligarse de la historia en una visita a Bayreuth. De la Historia de la Música y de la historia de la familia Wagner.
Entre otras razones, porque la familia Wagner ha regido siempre -y aún continúa haciéndolo- los destinos del festival. El propio compositor se encargó de las ediciones de 1876 y 1882. Su mujer Cósima tomó las riendas en 13 temporadas entre 1886 y 1906, periodo en el que se estrenaron Tristán e Isolda, Los maestros cantores de Núremberg y las tres óperas románticas: Tannhäuser, Lohengrin y El holandés errante. Su hijo Siegfried se hizo cargo del festival en 10 ocasiones entre 1908 y 1930 y Winifred Wagner, que en cierto modo politizó el festival por su amistad con Hitler, dirigió durante 1931, 1933, 1934 y el periodo 1936-44. Después llegarían, a partir de 1951, con el nuevo Bayreuth los años de normalización democrática, o de desnazificación si se quiere. Fue el momento de los nietos Wieland y Wolfgang al frente de la nave. Juntos hasta que falleció el primero en 1966 y, en solitario, Wolfgang desde 1967.
El pequeño de los nietos, Wolfgang, que cumplirá 89 años a finales de agosto, lleva, pues, 58 años reinando en la verde colina. Esta edición es la de su despedida. Pero la familia, si no pasan cosas imprevisibles, va a continuar al frente, con sus dos hijas de matrimonios diferentes. Katharina, de 30 años, directora de escena, es la que parece cortar el bacalao. Eva, de algo más de 60 años, aporta su experiencia musical, ligada a festivales como el de Aix-en-Provence. Katharina piropea en público ahora, con diminutivos cariñosos, a su hermanastra. Eva no se ha dejado ver por Bayreuth todavía este año.
La Fundación Richard Wagner, cuya existencia se remonta a 1973, parece que ve con buenos ojos esta solución. Es la que aporta los fondos económicos necesarios para la supervivencia. De lo que se trata es de salvaguardar la herencia artística de Wagner. Faltaría más.
La edición de Bayreuth 2008 tiene, pues, un significado especial. Es la del recambio. Circula una foto con un beso de Katharina a su padre que en los círculos wagnerianos ya se ha bautizado como el beso de Kundry, en referencia al personaje de Parsifal. Bromas aparte, este año se han programado en Bayreuth todos los dramas musicales mayores de Wagner, sin ninguna concesión a las óperas románticas. Son además las últimas producciones auspiciadas por Wolfgang Wagner a partir de 2005, por lo que su programación constituye una muestra impagable de la tendencia actual del festival.
Desde Tristán e Isolda, original de 2005, en la lectura doméstica del mito por Christoph Marthaler, hasta la nueva producción de este año de Parsifal, con ribetes de la historia de Alemania en paralelo dialéctico con la propia ópera, a cargo del joven noruego Stefan Herheim, se nota que algo fundamental está cambiando en Bayreuth. La propia biznieta Katharina se permitió poner en solfa en una escena de su juvenil, impetuosa y descarada dirección teatral de Los maestros cantores no solamente a Wagner -de cabezudo, bailando en calzoncillos- sino a figuras eminentes de la cultura alemana como Schiller, Goethe, Bach, Lessing, Kleist, Schinkel, Durero, Beethoven o Hölderlin. El "cambio" se nota también en las proyecciones o conciertos públicos al aire libre, bien con óperas como los controvertidos Maestros ya citados, bien con programas que combinan las oberturas superventas de Wagner con fragmentos de West side story, de Bernstein.
El incondicional, respetuoso y culto público de Bayreuth está aceptando bien en general las novedades. En el caso de Herheim y Marthaler, porque capta que se trata de aportaciones fundamentadas, aunque no siempre las comparta. En el caso de El anillo del nibelungo, porque dirige el nuevo dios musical wagneriano, Christian Thielemann. Sabe que la dirección escénica de un patriarca teatral como Tankred Dorst es de circunstancias por su inexperiencia operística. La intención original era Lars von Trier, pero el cineasta, en un gesto que le honra, confesó después de casi dos años de preparación, que no se sentía capaz de sacar adelante la aventura que le habían propuesto.
¿Qué ambiente respira en Bayreuth el espectador? ¿Es un festival de precios prohibitivos? ¿Existe una atmósfera decadente y lujosa, con la correspondiente dosis de glamour en vena? Hay mucha leyenda y muchos equívocos en estos temas. De entrada, al Festival de Bayreuth no acceden los que no aman la música de Wagner. Es una cita de militantes, de peregrinos. Una manifestación casi religiosa, con la música de Wagner como objeto de adoración.
Las representaciones son a las 16.00, los bancos son corridos, sin reposabrazos, el calor es asfixiante y si a alguien le da un mareo tiene que esperar a que termine el acto para salir pues las puertas están escrupulosamente cerradas con la sensación de claustrofobia que eso produce en algunos. En el otro platillo de la balanza la acústica es excepcional, el nivel artístico de coro y orquesta, admirable; y el público vive las representaciones con un silencio y una concentración ejemplares. No sale de estampida al terminar aunque lleve seis o siete horas de santificación wagneriana dentro. Aplaude, grita y patea el suelo de madera con fervor (el pateo es la máxima manifestación de aprobación) o, por el contrario, aúlla y abuchea con todas sus fuerzas si algo no le agrada. Todo está permitido menos la indiferencia. Las farmacias de la ciudad tienen nombres evocadores: Tannhäuser o Parsifal, por si alguien necesita un calmante para las emociones vividas.
Una inauguración como la de Bayreuth convoca a centenares de medios de comunicación y de curiosos que suben a la colina a ver quién viene. En este sentido únicamente la apertura de la temporada de la Scala de Milán se le puede comparar. Quizás ni siquiera Salzburgo, aunque la ciudad de Mozart tiene más glamour. En el atuendo se notan diferencias los últimos años. Antes era más tradicional y ahora es más de diseño. De trajes tradicionales ya no vienen ni las japonesas que, por cierto, en lo que va de año están siendo las más elegantes. En el lado masculino se ha relajado también la indumentaria y los trajes están ganado terreno a pasos agigantados al esmoquin. Las entradas no son caras (de 13 a 159 euros), el problema es cómo conseguirlas, con listas de espera de hasta siete años si uno no busca recetas ocultas, que las hay aunque el que las conoce no suelta prenda. La reventa prácticamente no existe, el que tiene una entrada no la suelta por nada. La ortodoxia wagneriana se sigue reuniendo en el restaurante Eule para comentar las jugadas más interesantes de las representaciones. Pero a Bayreuth no se va a comer, sino a purificarse con la música de Wagner. Sus óperas aquí son como unos ejercicios espirituales de la modernidad. El Festival de Bayreuth pasa página con la retirada del nietísimo Wolfgang Wagner, pero la fascinación de la música de Richard Wagner se mantiene con la misma intensidad de siempre.

Wednesday, July 09, 2008

Final con puntos suspensivos en Granada

El Festival Internacional de Música y Danza terminó ayer en puntos suspensivos, inacabado. Porque el público que abarrotaba el Palacio de Carlos V se quedó con ganas de más. De más Bruckner y de más Daniel Barenboim, un soberbio y magistral Daniel Barenboim que, al frente de la Staatskapelle de Berlín, concluyó el miniciclo que le ha dedicado al certamen granadino con la ejecución de las tres últimas sinfonías de Anton Bruckner. La Sinfonía numero 9 en Re menor, La inacabada, sonó de manera majestuosa y dejó entre el público la sensación de querer más, de seguir escuchando música. El festival se cerró como los grandes festivales: con un público entregado.La Novena de Bruckner, tal vez su sinfonía más mística y religiosa, es también el compendio de toda la obra sinfónica del maestro austriaco, un maestro que estuvo años casi destinado al olvido y que ahora vuelve a ser reivindicado como uno de los más grandes de su tiempo. Lo reivindica el público y lo reivindican los grandes festivales. Pero nunca fue ignorado por los grandes compositores, desde Mahler a Gustav Holst. En la obra de éstos siempre quedó la impronta bruckneriana.Barenboim, uno de los mayores especialistas en Bruckner, regaló al festival granadino tres auténticas joyas en los tres últimos días con la interpretación de La Séptima, la Octava y la Novena sinfonías, un regalo tan monumental como el propio Palacio de Carlos V, un regalo abrumador de tanta hermosura, de tanta belleza musical, de tanta perfección armónica.La última velada del certamen, la dedicada a la Novena, prometía ser una velada apoteósica. Después del éxito de los dos días anteriores, de la maestría con la que Barenboim y la Staatskapelle habían esculpidos las sinfonías, el público ya iba predispuesto a tener otra noche mágica. Y la tuvo.Daniel Barenboim es tremendo en la dirección, en el conocimiento tan profundo que tiene de la creación bruckneriana. Supo ver en él, en su manera de escribir, no el estilo de un compositor romántico y post-wagneriano, sino también de alguien que había bebido hasta su esencia la tradición musical del Barroco o de la música medieval. Y en la Novena hay mucho de eso, como ese segundo movimiento, ese Scherzo con movimiento y vivo, que tiene mucho de la fuerza del Barroco y que Gustav Holst debió estudiar hasta la saciedad antes de ponerse a escribir la partitura de Los planetas.Barenboim supo imprimir grandeza a toda la partitura, desde la imponente solemnidad del primer movimiento hasta la extinción sonora del tercer movimiento, el Adagio, que Bruckner, intuyendo ya su muerte, como había intuido la de Wagner, subtituló Despedida de la vida. No conseguiría más que esbozar algunos centenares de compases de lo que habría de ser el Cuarto Movimiento, por lo que la obra está, aparentemente, inacabada.Pero la forma en que Barenboim dirigió la partitura dio la sensación de que el Adagio es ciertamente el final, un final que se va apagando lentamente, como la vida, hasta fundirse sin estrépito en el silencio. Así quedó el Palacio de Carlos V. En puntos suspensivos. Hasta que estallaron los aplausos a rabiar. Más de cinco minutos. De no ser así, el director se habría despedido de Granada con una sensación de extrañeza. Los cinco minutos de aplausos son casi una obligación del público.

¿Congreso o Parlamento?

A mis treinta y nueve años vengo a descubrir, gracias a nuestra presidenta y al coro de legisladores y periodistas que la siguen con fidelidad, que en Argentina tenemos Parlamento en lugar de Congreso.
Justamente ella que exhibe como credencial principal el haber librado presuntas gestas de épica resistencia contra el menemismo en el Congreso, durante los oscuros años noventa, tiene la ocurrencia de cambiarle el nombre a la institución.
Vale recordar, al respecto, que en Argentina, como en la mayoría de los países latinoamericanos, la casa del pueblo se denomina Congreso y no Parlamento, tal como puede comprobarse con una simple consulta a un diccionario de la Real Academia Española.
No se trata de una disquisición meramente linguística, puesto que el yerro de la presidenta desnuda veleidades absolutistas o si se quiere, lo que es más risueño aún, pretensiones monárquicas. Esto no es nuevo, ya que la mayoría de los mandatarios sudamericanos sueñan con perpetuarse en el poder y hasta incluso cimentar dinastías, tal como hacen los reyes y príncipes, muy probablemente por su propia insignificancia y pequeñez.
En efecto, el sistema institucional argentino se basa en la Constitución de Filadelfia, que establece la división de poderes, a uno de los cuales llama Congreso.
Esta institución del poder público se caracteriza por la elección de sus integrantes por parte del pueblo, además de la distinción en dos cámaras, una alta y otra baja, conformada respectivamente por senadores y diputados.
La noción de Parlamento, además de tener origen en una tradición monárquica, ya que fueron creados para que los nobles controlaran a los monarcas precisamente, vaya casualidad, en la imposición de tributos, carece de tales divisiones y por consiguiente de representaciones territoriales, una condición indispensable para la existencia de un régimen federalista.
¿Por qué entonces nuestra presidenta se refiere al Congreso como Parlamento? Indudablemente por una mezcla de ignorancia y desprecio por la división de poderes, ya que como se dijo, a una monarca le queda mejor un fastuoso Parlamento que un austero Congreso.
Tampoco debe llamar la atención que el grueso de los legisladores y una buena parte de los periodistas políticos incorporen alegremente la ocurrencia de la mandataria, a quien suelen llamar Cristina, como si efectivamente fuera una reina en lugar de una presidenta.
Se podrá argumentar que las instituciones parlamentarias de la monarquía europea se “aggiornaron” y eso es cierto, aunque lo hicieron incorporando sabios preceptos de la Constitución de Filadelfia, de la cual nuestra propia carta Magna se nutrió directamente, hace más de un siglo y medio.
Cabe preguntarse, entonces, con qué fin identificamos a nuestra bien nacida institución con sus pares europeas de orígenes menos luminosos, si al fin y al cabo estas debieron inspirarse en la matriz filosófica de los congresos americanos.
Las razones de la confusión son más prosaicas de lo que suele creerse, ya que como se dijo, el kirchnerismo en particular y el justicialismo o peronismo en general detestan la división de poderes y conciben a la Justicia y al Congreso como meros órganos subsidiarios que carecen de toda autonomía e independencia.
Esto quedó perfectamente en evidencia cuando la presidenta remitió al Congreso, al que no ingenuamente llamó Parlamento, un proyecto de ley para que los diputados refrendaran una resolución ministerial, “a libro cerrado y sin ningún tipo de modificaciones”, como pretendió su marido, predecesor en el cargo y presidente del partido oficial.
Se trata de una actitud que desnuda una concepción autoritaria que desconoce los principios elementales del sistema constitucional argentino, basado en la división de poderes y en el carácter federal de la administración del gobierno.
¿Cómo puede pedírsele a un diputado o a un senador que vote en contra de los intereses de sus propias provincias? Solamente basándose en una doctrina política donde precisamente el presidente manda con los modos imperativos de un monarca y el Congreso devenido en Parlamento, es decir, casi sin representación ciudadana y territorial, acata y refrenda.
Los argentinos precisamente debemos recuperar el valor de nuestras instituciones de gobierno y mal podremos hacerlo si les cambiamos no solamente el nombre, sino también los principios en las que estas se fundan e inspiran.
América dio al mundo un sistema de gobierno que aún no pudo ser superado: la democracia liberal moderna. La transformación operada fue tal que hasta la vieja y orgullosa Europa debió imitarnos.
A lo largo del siglo XIX, las repúblicas libres de Latinoamérica, entre ellas la nuestra, se organizaron a partir de los sabios principios políticos de la Constitución de Filadelfia, creando las condiciones para su engrandecimiento.
Nuestro país nunca tuvo monarcas ni parlamento, aunque muchos de nuestros presidentes hayan soñado y sueñen con entronizarse en el poder, cimentando dinastías y clases políticas con pretensiones nobiliarias. Lo que bien se dice, bien se concibe, reza una antigua y sabia frase. Comencemos por nombrar a las cosas por su nombre, aunque no conozcamos a ciencia cierta y con exactitud sus significados, porque de esa manera sus secretos habrán de revelarse tarde o temprano.

Monday, June 23, 2008

Otero y el rescate de la Big Band

La agrupación liderada por el joven contrabajista fue una de las atracciones máximas del Festival Telecom 2008 que se desarrolló el sábado en el centro de eventos Metropolitano de la ciudad de Rosario y en el que además actuaron Moreno Veloso y Adriana Calcanhotto.

Otero ejerce una irresistible atracción sobre el público argentino, especialmente el más joven, no solamente por sus cuidadas composiciones, sino por la utilización de un formato, la gran banda, al que no estamos muy habituados por estas latitudes.
En ese sentido, la sección de vientos, conformada por cinco saxos, tres trompetas y un trombón, perfectamente amalgamados entre sí y con la sección rítmica, a cargo del propio Otero, de la batería y del piano rhodes, ofrece momentos deslumbrantes, donde además sobresale el virtuosismo de cada uno de sus integrantes.

Las composiciones ofrecidas por el grupo son eclécticas, aunque en todos los casos, ya sea cuando se advierten las claras influencias del jazz brasileño o del bebop, hard bop e incluso del funk, están excelente logradas y ejecutadas.
Con una formación algo reducida con respecto a la utilizada en la grabación de “Cuatro”, su último disco, Otero repasó ante un auditorio colmado piezas que corresponden a dicho CD y a trabajos anteriores como “Tres” y “D-Forma”.
Las interpretaciones que más se destacaron fueron “Brown” del último disco, un homenaje a James Brown, y “Mingusiana” de “Tres”, pieza escrita en memoria de Charles Mingus, ambas con notables influencias de bebop, hard bop y funk.
Pero no todo fue ritmo desenfrenado en la noche rosarina, dado que composiciones exquisitamente sutiles como “Flor” (del compacto “Tres”), tuvieron la virtud de lograr momentos de máxima intimidad y arrancaron justificados aplausos por parte del público.
La sección de vientos vuelve a lucirse con un juego de contrapunto que toma como base a la melodía y recuerda a compositores como Wyne Shorter y el brasileño Egberto Gismonti.
Las influencias son muchas, indudablemente, pero el conjunto y el resultado final es soberbio e invalorable.
La big band de Otero recuerda más a Quincy Jones que a Glenn Miller, aunque no por ello deja de rendirle tributo al swing con una dosis de creatividad y originalidad que no abunda, razón por la que resulta tan bienvenida.

Sunday, May 25, 2008

Rosariazo

Los intentos kirchneristas por neutralizar la masiva movilización que el campo argentino protagonizó ayer en esta ciudad, se estrellaron contra la férrea determinación de casi 300 mil productores agropecuarios de todo el país que volvieron a afirmar que no desean el conflicto sino producir y progresar en paz.
El nulo protagonismo que las entidades agropecuarias les dieron a las figuras políticas que llegaron a la ciudad con el fin de expresar su respaldo y beneficiarse con la popular movilización, dejó sin argumentos a los colaboradores de la presidenta, quienes afirmaron que se trataría de un acto opositor.



La impecable organización que no solamente evitó tumultos sino también incidentes, permitió que el mensaje del campo se hiciera todavía más claro y se pintara de celeste y blanco para extenderse, desde el Monumento Nacional a la Bandera, hacia el resto del país.


Unos dos mil periodistas, entre ellos quien escribe, tuvieron a cargo la cobertura del acto que fue transmitido en vivo por los principales canales de TV del país.

Sunday, May 18, 2008

Barcelona, un "parque temático"

Fundador de la mítica revista contracultural “Ajoblanco”, el catalán José "Pepe" Ribas, brindó en Rosario la clínica “Estados Alterados. Emergencias en el periodismo cultural” y cuestionó el denominado modelo barcelonés de desarrollo.
Durante la charla que ofreció en el Centro Cultural Parque de España de la ciudad de Rosario, Ribas se manifestó crítico del modelo barcelonés de desarrollo, señalando sin embargo que “este fue positivo hasta el año 1992”, cuando la ciudad catalana recibió los Juegos Olímpicos. “Se reconstruyeron los barrios marginales a través de un plan urbanizador, dotándoselos de los servicios básicos. Como la ciudad no tenía recursos para llevar a cabo dicho plan, se optó por utilizar a los juegos olímpicos como una excusa para obtener fondos de parte de Madrid, sin advertir que de esa manera ingresaron las multinacionales a la ciudad”, explicó.
“Hoy Barcelona es algo así como un parque temático que vive del turismo. Lo del diseño y todo lo demás es falso”, disparó con su franqueza habitual y agregó que “se han cargado todos los restaurantes y con ellos la cocina tradicional de Cataluña, algo que contradice los principios del nacionalismo que sí en cambio supieron aplicar los vascos”.
El editor de Ajoblanco indicó que “en Barcelona hoy prácticamente todo forma parte del sistema de franquicias, ya sean los restaurantes y las tiendas”.
Ribas también se refirió al momento actual de la cultura española, afirmando que existe una gran indiferencia por parte de los ciudadanos. “Hoy en mi país la gente se pasa todo”, sostuvo apelando a una expresión coloquial. “Los españoles de hoy se pasan el poder, los políticos, los periódicos, la televisión y lo único que interesa son los deportes o Internet”, afirmó.
No obstante, Ribas se definió como optimista dado que según su criterio, “la sociedad española se mantiene viva y no está aletargada, a diferencia de otras sociedades europeas”.
Asimismo, el intelectual español denunció que “el nacionalismo”, tanto en Cataluña como en otras regiones de España, “es la herramienta ideal para eliminar las reivindicaciones sociales”.


Exponente de la Contracultura
Formado por los jesuitas de Sarría, luego de culminar su bachillerato, Pepe Ribas ingresó a la Universidad de Barcelona para cursar la carrera de Derecho. Aunque, en la decadencia del franquismo, Ribas pudo darle rienda suelta a un proyecto que lo representaba mejor: la revista contracultural Ajoblanco, ésa que fundó con apenas veinte años y que, para 1977, tenía una tirada envidiable de cien mil ejemplares.
Desvinculado por algunos años de la dirección del proyecto, el catalán aprovechó el tiempo. En esa época creó Alfalfa (dedicada a la ecología) y La bañera (de contenidos literarios) y publicó además De que van las Comunas, Kavafis y la novela El Rostro Perdido. Entre 1987 y 2000 reflotó el proyecto Ajoblanco. Su visita a la Argentina se produce a poco de la edición nacional de “Los 70 a destajo”, un libro en el que rememora la experiencia de la mítica revista.
En su diálogo abierto con el público, Ribas abordó temas como la "producción de contenidos a partir de los cambios por los que atraviesa el texto según el medio y el lector, los condicionamientos de cada espacio, riesgos e interacción con el público", el "diseño y nuevos formatos, espacios y canales de expresión, tecnologías, lenguajes y saberes" y la "gestión de recursos, los medios masivos y los límites que imponen los grupos de poder versus la escasez de recursos del emprendimiento independiente".

Tuesday, April 29, 2008

Siempre el soul



Corinne Bailey Rae es una joven cantante británica que saltó a la fama con un disco que lleva su nombre y una voz tan cálida, sensual y llena de matices que recuerda a la mismísima Ella Fitzgerald. Poco atento a las nuevas figuras, la descubrí algo tarde a través de sus participaciones en discos de Herbie Hancock (River: The Joni Letters) y de Marcus Miller (Marcus). Cuando se unen el talento y la sensibilidad y se le suma el buen gusto el resultado está a la vista, o mejor dicho, al oído.

Sunday, April 20, 2008

Las momias de Azapa

El Museo Arqueológico San Miguel de Azapa se encuentra a doce kilómetro de Arica, en el extremo norte de Chile. Entre su enorme patrimonio se conservan y exhiben momias de la cultura Chinchorro que floreció en la región entre el 5000 y el 2000 AC. Para los antropólogos es la primera manifestación compleja de un culto a la muerte y a los antepasados en la costa árida sudamericana. Se manifiesta en el complicado proceso de momificación que consistía en la extracción de los músculos y las vísceras del difunto, los que eran sustituidos por vegetales, plumas, trozos de cuero, vellones de lana y otros materiales. Luego, el cuerpo era cubierto con una capa de arcilla. Con pelo humano confeccionaban una peluca que colocaban en la cabeza . Este proceso pasó por distintas etapas: al principio sólo se momificaba a los recién nacidos y a los niños, utilizando colores llamativos y acompañándolos con figuras de barro. En el clímax de la cultura, hacia 3000 AC, se momificaban representantes de todos los miembros de la sociedad y de todas las edades (hombre, mujeres, niños, adultos y ancianos), embadurnándolos con pigmentos rojo, negro y café. Durante el ocaso de esta cultura, sólo se aplicaba mascarillas de barro. Al parecer, las momias no se enterraban, sino que eran instaladas de pie, formando parte activa de los campamentos, tal vez como una marca territorial del linaje del grupo a partir de un ancestro común.
El desarrollo artístico Chinchorro quedó plasmado, casi exclusivamente, en el delicado ajuar de las momias y en cierto sentido, en el elaborado tratamiento que recibían los difuntos. Contaban con turbantes de cuerdas de fibra vegetal o animal torcidas, adornados con cuentas de concha y malaquita, que cubrían la cabeza deformada intencionalmente en vida. Los rostros eran cubiertos por finas máscaras de barro y los cuerpos envueltos con elaborados textiles de fibra animal y vegetal a modo de fajas y cordones. Estos combinan distintos colores según la época, primando los tonos crudos, ocres y terracotas. Los cuerpos descansan sobre esteras de fibra vegetal y sacos de piel animal. Muchas de las momias eran acompañadas de estólicas, cuchillos, arpones y otros instrumentos. A veces, también de láminas de cobre nativo o natural que iban dentro del conjunto funerario.

Monday, April 14, 2008

Primo Levi y el sufrimiento

La reedición en español de "Si no ahora, ¿cuándo?", del escritor italiano Primo Levi, invita a pensar no solamente en la resitencia judía contra el Holocausto, sino también, lo que podría ser más trascendente, en la naturaleza del sufrimiento humano.
Esta novela magistralmente narrada que su autor publicó en 1982 bucea en el océano del dolor y parece clasificar dos tipos de sufrimiento, el absurdo y el predeterminado.
Quizá la nación judía padeció los efectos de ambos, dado que no hay explicación lógica para la aniquilación de millones de personas, lo que transforma a la matanza en absurda.
Sin embargo, en su odio demencial, el genocida nazi apeló a una condición predeterminada, la noción de raza, lo que nos lleva al segundo tipo de sufrimiento.
"Auschwitz fue mi universidad", dijo el escritor turinés en alguna ocasión. Pasó dos años en esas "aulas del horror", experiencia que describió con crudeza y humanismo en su novela "Si esto es un hombre", publicada en 1947.
En "Si no es ahora, ¿cuándo?", se propone desmitificar la idea de una supuesta pasividad del pueblo judío ante el exterminio nazi, mediante el relato de la resistencia partisana, de la cual él mismo formó parte.