No conocía la obra de Ravel, a excepción del bolero, pero me las arreglé para explicarle que se trataba de un concierto sutil, en el que cada nota era capaz de expresar todo el dolor y la felicidad de la humanidad y que por eso mismo requería de una capacidad interpretativa que pocos músicos pueden alcanzar.
"Es una pena que aquí solamente tenga a George Harrison y a Credence", bromeó después de confesar que le encargaría a un amigo que le traiga desde Buenos Aires una grabación del Concierto en Sol Mayor.
Cuando le conté que Martha Argerich se había encerrado en su habitación para estudiar secretamente el segundo movimiento, la noche anterior a su presentación en Lausana, cuando su pareja le presentó formalmente a sus padres, advertimos que la claridad de la mañana ya coloreaba las ventanas de la posada y le devolvía la vida al Mercedario y a los cerros de la cadena de Ansilta que recordé haber admirado la tarde anterior, cuando me mojé los pies en el río Los Patos.
Friday, March 31, 2006
Como el torso de una mujer
Una noche le comenté a El Alemán la experiencia que viví en la posada de Rodeo, donde una mujer se levantó de una de las mesas e interpretó en el piano del salón la música más bella y sensible que escuché en toda mi vida.
Sus ojos azules que resaltaban todavía más gracias al contraste que le ofrecía una piel nórdica expuesta durante muchos años al inmisericorde sol de la precordillera, me escuchaban con atención y parecían no querer perderse ningún detalle.
Era la primera vez que el dueño de la posada me demostraba abiertamente sus sentimientos y comprendí que como la mayoría de sus compatriotas, amaba la música y la concebía como una forma de comunicación más pura y poderosa que el lenguaje.
El relato se convirtió en un diálogo animado cuando le comenté que esa noche en Rodeo no solamente me había emocionado sino que también había comprendido a Daniel Baremboim cuando en su autobiografía trazó diferencias entre las acciones de recordar y rememorar en el arte de la interpretación, atribuyendo a esta última la capacidad de revivir las emociones que acompañaron al compositor al momento de la creación.
"El piano, como cualquier otro instrumento musical, es como el torso de una mujer a la que uno le puede arrancar suspiros o provocar la mayor indiferencia", me dijo, una vez que terminé de comentarle mis ideas sobre la cita de Baremboim, revelándome un costado sentimental que nunca le hubiera atribuido en nuestras primeras charlas.
Sus ojos azules que resaltaban todavía más gracias al contraste que le ofrecía una piel nórdica expuesta durante muchos años al inmisericorde sol de la precordillera, me escuchaban con atención y parecían no querer perderse ningún detalle.
Era la primera vez que el dueño de la posada me demostraba abiertamente sus sentimientos y comprendí que como la mayoría de sus compatriotas, amaba la música y la concebía como una forma de comunicación más pura y poderosa que el lenguaje.
El relato se convirtió en un diálogo animado cuando le comenté que esa noche en Rodeo no solamente me había emocionado sino que también había comprendido a Daniel Baremboim cuando en su autobiografía trazó diferencias entre las acciones de recordar y rememorar en el arte de la interpretación, atribuyendo a esta última la capacidad de revivir las emociones que acompañaron al compositor al momento de la creación.
"El piano, como cualquier otro instrumento musical, es como el torso de una mujer a la que uno le puede arrancar suspiros o provocar la mayor indiferencia", me dijo, una vez que terminé de comentarle mis ideas sobre la cita de Baremboim, revelándome un costado sentimental que nunca le hubiera atribuido en nuestras primeras charlas.
Tuesday, March 28, 2006
Concierto alado
La región andina es un terreno ideal para las formas, es decir, para las artes plásticas y la región pampena lo es para los sonidos, es decir para la música, señaló Miguel Cané y no puedo sino estar de acuerdo con su apreciación.
La semana pasada visité accidentalmente el litoral paranaense y me regocijé con el concierto que ofrecieron decenas de especies aladas a mis agradecidos oídos en un apasible atardecer de la costa santafesina.
Logré captar a uno de los responsables de mi inesperada felicidad, cuya imagen quiero compartir con todos ustedes.
La semana pasada visité accidentalmente el litoral paranaense y me regocijé con el concierto que ofrecieron decenas de especies aladas a mis agradecidos oídos en un apasible atardecer de la costa santafesina.
Logré captar a uno de los responsables de mi inesperada felicidad, cuya imagen quiero compartir con todos ustedes.
Friday, March 24, 2006
Un paraíso personal
Llegaba cada noche a la posada deliberadamente tarde porque El Alemán no salía de la cocina para charlar hasta que no terminaba con el último pedido y recién después de cerrar la puerta de entrada se sentaba frente a mi con dos cervezas.
Las charlas discurrían siempre sobre los mismos temas: el amor, la pasión, la traición y la naturaleza.
Tras pasar más de veinte años en ese paraíso inaccesible El Alemán temía que fuese devorado por el boom turístico o minero y yo lo entendía perfectamente.
Lo escuchaba preguntar a los visitantes de dónde provenían y después murmurar "desde Rosario vinieron decenas en los últimos días, ¿cómo se habrán enterado?" y al principio no comprendía pero luego me di cuenta que en realidad no deseaba más clientes sino todo lo contrario.
Me resulta risueño pensar en lo que sentiría si tiene acceso a estos textos que alaban tanto las bondades de su "paraíso personal" y estoy casi seguro que experimentaría una mezcla de alarma y traición.
Una noche, cuando me preguntó cómo me gano la vida le dije que simplemente escribo y se interesó aunque no me preguntó si me dedico a la literatura o al periodismo gráfico.
Lo que le llamaba la atención era el proceso de escritura en sí mismo, algo que no me sorprendió dado su origen alemán y dio lugar a largas charlas sobre el tema.
¿Podés escribir todos los días?, me preguntó una madrugada y le contesté que no, que necesitaba estar relajado aunque si debía hacerlo por necesidad lo hacía.
"La mejor forma de relajarse y alcanzar el mood adecuado para escribir es tomar una o dos medidas de Cutty Sark", le dije una vez para sorprenderlo, aunque en lugar de eso se levantó y con un movimiento ágil y una gran sonrisa regresó a la mesa con una botella del escocés que le mencioné y que utilizó para servir dos generosos vasos. "Ahora podés escribir", me dijo en tono jocoso, mientras el dorado líquido ingresaba a su organismo a través de sus finos labios.
Yo esperé en cambio que los trozos de hielo comenzaran a derretirse y tras oler el vaso sin apuro comenté lo bueno que resultaba descubrir el aroma del roble casi gastado en la bebida.
"Es cierto, en los vinos ahora se usan barricas nuevas y el aroma del roble usado cientos de veces es muy diferente, tiene un toque húmedo que resulta muy reconfortante", comentó y le dije que un escocés no solamente sirve para escribir sino para conducir una charla entre amigos a zonas que usualmente no se visitan.
Las charlas discurrían siempre sobre los mismos temas: el amor, la pasión, la traición y la naturaleza.
Tras pasar más de veinte años en ese paraíso inaccesible El Alemán temía que fuese devorado por el boom turístico o minero y yo lo entendía perfectamente.
Lo escuchaba preguntar a los visitantes de dónde provenían y después murmurar "desde Rosario vinieron decenas en los últimos días, ¿cómo se habrán enterado?" y al principio no comprendía pero luego me di cuenta que en realidad no deseaba más clientes sino todo lo contrario.
Me resulta risueño pensar en lo que sentiría si tiene acceso a estos textos que alaban tanto las bondades de su "paraíso personal" y estoy casi seguro que experimentaría una mezcla de alarma y traición.
Una noche, cuando me preguntó cómo me gano la vida le dije que simplemente escribo y se interesó aunque no me preguntó si me dedico a la literatura o al periodismo gráfico.
Lo que le llamaba la atención era el proceso de escritura en sí mismo, algo que no me sorprendió dado su origen alemán y dio lugar a largas charlas sobre el tema.
¿Podés escribir todos los días?, me preguntó una madrugada y le contesté que no, que necesitaba estar relajado aunque si debía hacerlo por necesidad lo hacía.
"La mejor forma de relajarse y alcanzar el mood adecuado para escribir es tomar una o dos medidas de Cutty Sark", le dije una vez para sorprenderlo, aunque en lugar de eso se levantó y con un movimiento ágil y una gran sonrisa regresó a la mesa con una botella del escocés que le mencioné y que utilizó para servir dos generosos vasos. "Ahora podés escribir", me dijo en tono jocoso, mientras el dorado líquido ingresaba a su organismo a través de sus finos labios.
Yo esperé en cambio que los trozos de hielo comenzaran a derretirse y tras oler el vaso sin apuro comenté lo bueno que resultaba descubrir el aroma del roble casi gastado en la bebida.
"Es cierto, en los vinos ahora se usan barricas nuevas y el aroma del roble usado cientos de veces es muy diferente, tiene un toque húmedo que resulta muy reconfortante", comentó y le dije que un escocés no solamente sirve para escribir sino para conducir una charla entre amigos a zonas que usualmente no se visitan.
Conversaciones con El Alemán
En este oasis pasé los mejores días de descanso de mi vida. Tras acomodarme en el gigantesco camping municipal me dediqué a recorrer el pueblo y descubrir sus tesoros.
Antes de visitar el Barreal del Leoncito y el observatorio astronómico más importante que tiene el país, me relacioné con la gente del lugar, entre ellos el encargado del camping, quien me acompañó a realizar mis compras en los almacenes del pueblo y hasta se ofreció para asar un chivito en su horno de barro que ya entrada la noche compartí junto a su familia.
Otro de los pobladores con quien sostuve agradables conversaciones fue el dueño de la hostería El Alemán, un inmigrante germano que a principios de los 80 llegó al lugar que no pudo abandonar más.
La hostería se encuentra un tanto escondida pero su dueño se las ingenió para guiar a los visitantes a través de carteles de color verde oscuro que se encuentran diseminados por todos los caminos de la zona.
El Alemán, como todos lo conocen, es un rubio de ojos azules muy amable y algo enigmático que se ocupa de la cocina mientras su esposa, una argentina sumamente simpática, atiende a los comensales.
La cocina obviamente es de estilo germano, ofreciendo una abundante variedad de salchichas y carnes ahumadas, además de decenas de excelentes cervezas.
Por las noches visitaba la posada y además de entretenerme con los turistas que paraban en su paso por la zona, me entretenía conversando con su dueño, a quien vanamente intentaba sacarle información sobre su vida antes de emigrar a Barreal.
En este punto era tan hermético que si no fuese por su edad me hubiera visto tentado de pensar que era un fugitivo nazi.
En realidad El Alemán es una persona que ve con preocupación cómo la naturaleza va cediendo ante el avance de la civilización, es decir, un verdadero naturalista.
Antes de visitar el Barreal del Leoncito y el observatorio astronómico más importante que tiene el país, me relacioné con la gente del lugar, entre ellos el encargado del camping, quien me acompañó a realizar mis compras en los almacenes del pueblo y hasta se ofreció para asar un chivito en su horno de barro que ya entrada la noche compartí junto a su familia.
Otro de los pobladores con quien sostuve agradables conversaciones fue el dueño de la hostería El Alemán, un inmigrante germano que a principios de los 80 llegó al lugar que no pudo abandonar más.
La hostería se encuentra un tanto escondida pero su dueño se las ingenió para guiar a los visitantes a través de carteles de color verde oscuro que se encuentran diseminados por todos los caminos de la zona.
El Alemán, como todos lo conocen, es un rubio de ojos azules muy amable y algo enigmático que se ocupa de la cocina mientras su esposa, una argentina sumamente simpática, atiende a los comensales.
La cocina obviamente es de estilo germano, ofreciendo una abundante variedad de salchichas y carnes ahumadas, además de decenas de excelentes cervezas.
Por las noches visitaba la posada y además de entretenerme con los turistas que paraban en su paso por la zona, me entretenía conversando con su dueño, a quien vanamente intentaba sacarle información sobre su vida antes de emigrar a Barreal.
En este punto era tan hermético que si no fuese por su edad me hubiera visto tentado de pensar que era un fugitivo nazi.
En realidad El Alemán es una persona que ve con preocupación cómo la naturaleza va cediendo ante el avance de la civilización, es decir, un verdadero naturalista.
Una travesía hacia Barreal
Desde Rodeo se puede llegar a Barreal a través de la ruta 436 que recorre la Travesía del Corrillo. El camino de ripio se inicia en la ciudad de Iglesia, donde es conveniente consultar sobre su estado en el destacamento de Gendarmería antes de emprender el viaje.
Lo recorrí luego de una fuerte lluvia que produjo un movimiento de piedras, razón por la cual debí conducir a no más de 30 kilómetros por hora. Armado de toda la paciencia me dediqué a disfrutar de las vista que ofrecía este viejo camino que según me comentaron en Rodeo fue utilizado por los nativos durante cientos de años.
La geografía se parece a la de un valle ameseteado y agreste que discurre en medio de la precordillera. El primer tramo del camino es difícil y pone a prueba al conductor, al vehículo y especialmente a los neumáticos porque si no tienen la presión adecuada pueden romperse tras golpear con las puntiagudas piedras.
Después de atravesar el arroyo Tocota donde se encuentra un caserío con el mismo nombre que vive de la explotación del cultivo de ajo, la ruta se hace más amable, permitiendo aumentar la velocidad y aprovechar el descenso que ofrece una suave pero extensa pendiente.
La soledad y el silencio por momentos abruman. Sin seres humanos y ni siquiera animales salvajes a la vista, se toma conciencia del significado de la palabra travesía y de los riesgos que implican aventuras como estas, sobre todo si no se toma la precaución de llevar abrigo y agua potable, dado que cualquier accidente o desperfecto mecánico implicaría tener que esperar durante horas o recorrer a pie grandes distancias para obtener ayuda.
La geografía recién comienza a cambiar tras recorrer más de cien kilómetros, cuando uno se aproxima a la localidad de Villa Nueva, ubicada en los márgenes del Valle de Calingasta.
Los primeros indicios que aparecen son las plantaciones de álamos que rodean a los caseríos para protegerlos de los fuertes vientos.
Cuando se atraviesa Villa Nueva puede observarse un gran cartel informativo que indica que desde allí partió una de las columnas del ejército libertador que cruzó los Andes a través de los pasos que se encuentran en el sur de la provincia.
Las señales de la presencia humana se van multiplicando a medida que se toma dirección sudeste y se llega a Calingasta, una de las ciudades más importante de la región y desde donde hay que tomar la ascendente ruta 412 que lleva hasta Barreal bordeando siempre el río Los Patos.
El ingreso al pueblo es realmente largo y quien no lo visitó antes se ve tentado a pensar que "se pasó de largo", una idea muy común en viajeros que recorren regiones escasamente pobladas y que me recordó una visita de mi adolescencia a Moisés Ville, la primera colonia judía del país, en mi provincia de Santa Fe natal, dado que como viajamos de noche y en el pueblo prácticamente no había luces encendidas, casi no nos percatamos de su presencia.
Barreal es, en casi todos los aspectos, un oasis y basta recorrerlo brevemente para convencerse que valió la pena esforzarse por llegar hasta allí.
Lo recorrí luego de una fuerte lluvia que produjo un movimiento de piedras, razón por la cual debí conducir a no más de 30 kilómetros por hora. Armado de toda la paciencia me dediqué a disfrutar de las vista que ofrecía este viejo camino que según me comentaron en Rodeo fue utilizado por los nativos durante cientos de años.
La geografía se parece a la de un valle ameseteado y agreste que discurre en medio de la precordillera. El primer tramo del camino es difícil y pone a prueba al conductor, al vehículo y especialmente a los neumáticos porque si no tienen la presión adecuada pueden romperse tras golpear con las puntiagudas piedras.
Después de atravesar el arroyo Tocota donde se encuentra un caserío con el mismo nombre que vive de la explotación del cultivo de ajo, la ruta se hace más amable, permitiendo aumentar la velocidad y aprovechar el descenso que ofrece una suave pero extensa pendiente.
La soledad y el silencio por momentos abruman. Sin seres humanos y ni siquiera animales salvajes a la vista, se toma conciencia del significado de la palabra travesía y de los riesgos que implican aventuras como estas, sobre todo si no se toma la precaución de llevar abrigo y agua potable, dado que cualquier accidente o desperfecto mecánico implicaría tener que esperar durante horas o recorrer a pie grandes distancias para obtener ayuda.
La geografía recién comienza a cambiar tras recorrer más de cien kilómetros, cuando uno se aproxima a la localidad de Villa Nueva, ubicada en los márgenes del Valle de Calingasta.
Los primeros indicios que aparecen son las plantaciones de álamos que rodean a los caseríos para protegerlos de los fuertes vientos.
Cuando se atraviesa Villa Nueva puede observarse un gran cartel informativo que indica que desde allí partió una de las columnas del ejército libertador que cruzó los Andes a través de los pasos que se encuentran en el sur de la provincia.
Las señales de la presencia humana se van multiplicando a medida que se toma dirección sudeste y se llega a Calingasta, una de las ciudades más importante de la región y desde donde hay que tomar la ascendente ruta 412 que lleva hasta Barreal bordeando siempre el río Los Patos.
El ingreso al pueblo es realmente largo y quien no lo visitó antes se ve tentado a pensar que "se pasó de largo", una idea muy común en viajeros que recorren regiones escasamente pobladas y que me recordó una visita de mi adolescencia a Moisés Ville, la primera colonia judía del país, en mi provincia de Santa Fe natal, dado que como viajamos de noche y en el pueblo prácticamente no había luces encendidas, casi no nos percatamos de su presencia.
Barreal es, en casi todos los aspectos, un oasis y basta recorrerlo brevemente para convencerse que valió la pena esforzarse por llegar hasta allí.
Sunday, March 12, 2006
Los niños de Talampaya
La empresa que explota la concesión del Parque Nacional de Talampaya, en la provincia de La Rioja, optó por contratar como guías turísticos a personas del lugar. Esta medida acertada nos permitió conocer a José, un joven moreno, menudo y treintañero que durante la excursión por el imponente cañón dio muestras de una locuacidad extraordinaria.
Lo más interesante de todo es que José propiciaba diálogos que transgredían totalmente el ámbito de su función. Por ejemplo, con Gilles, un francés de mediano porte y edad que tomaba obsesivamente notas de todo cuanto veía y se le decía en un cuaderno escolar de tapas color naranja, se embarcó en una animada conversación de negocios en los que analizaban todo tipo de alternativas turísticas para sacarle euros a sus compatriotas.
Menos pragmático que el joven francés, a mi la locuacidad de José me sirvió para explorar los tiempos en que el cañón estaba "abierto al público" y ni siquiera debía pedirse permiso para recorrerlo.
No me pasó por alto la emoción que afloraba en sus oscuros ojos cuando comenzó a contarme historias de su infancia, cuando las aventuras que cualquier niño de ciudad tiene en el club o a lo sumo en un parque, se desarrollaban en un escenario tan impresionante como el cañón de Talampaya.
Su sensibilidad casi indisimulada me cayó en gracia y desplacé a Gilles de su lado, trabando una conversación sobre esa época lejana en donde por ejemplo las empresas mineras no volaron de milagro las paredes rosadas del gigantesco cañón. "Por todos lados hay hoyos abiertos por los buscadores de minerales. Cuando era niño las explosiones eran tan frecuentes que cuando nos las dejábamos de escuchar pensábamos que algo malo había pasado", recordó torciendo el labio inferior, en una suerte de sonrisa irónica. Luego nos explicó que las constantes explosiones espantaron a la fauna que habitaba en el lugar, obligando a guanacos y pumas a buscar nuevas moradas.
La expresión de su rostro cuando nos confesó que desde la ventana de su dormitorio tiene una incomparable vista del pico nevado del Famatina, me reconfortó haciéndome notar el orgullo que sienten los nativos de todo Cuyo por sus bellísimos paisajes.
Cuando terminó la excursión y José se disponía a recibir a un nuevo contingente, lo saludé con un apretón de manos y una leve inclinación de cabeza que él correspondió educadamente. Mientras recorría el camino de salida que lleva a la ruta 151, pensé en lo afortunado que fue al criarse en un sitio tan maravilloso.
Lo más interesante de todo es que José propiciaba diálogos que transgredían totalmente el ámbito de su función. Por ejemplo, con Gilles, un francés de mediano porte y edad que tomaba obsesivamente notas de todo cuanto veía y se le decía en un cuaderno escolar de tapas color naranja, se embarcó en una animada conversación de negocios en los que analizaban todo tipo de alternativas turísticas para sacarle euros a sus compatriotas.
Menos pragmático que el joven francés, a mi la locuacidad de José me sirvió para explorar los tiempos en que el cañón estaba "abierto al público" y ni siquiera debía pedirse permiso para recorrerlo.No me pasó por alto la emoción que afloraba en sus oscuros ojos cuando comenzó a contarme historias de su infancia, cuando las aventuras que cualquier niño de ciudad tiene en el club o a lo sumo en un parque, se desarrollaban en un escenario tan impresionante como el cañón de Talampaya.
Su sensibilidad casi indisimulada me cayó en gracia y desplacé a Gilles de su lado, trabando una conversación sobre esa época lejana en donde por ejemplo las empresas mineras no volaron de milagro las paredes rosadas del gigantesco cañón. "Por todos lados hay hoyos abiertos por los buscadores de minerales. Cuando era niño las explosiones eran tan frecuentes que cuando nos las dejábamos de escuchar pensábamos que algo malo había pasado", recordó torciendo el labio inferior, en una suerte de sonrisa irónica. Luego nos explicó que las constantes explosiones espantaron a la fauna que habitaba en el lugar, obligando a guanacos y pumas a buscar nuevas moradas.
La expresión de su rostro cuando nos confesó que desde la ventana de su dormitorio tiene una incomparable vista del pico nevado del Famatina, me reconfortó haciéndome notar el orgullo que sienten los nativos de todo Cuyo por sus bellísimos paisajes.
Cuando terminó la excursión y José se disponía a recibir a un nuevo contingente, lo saludé con un apretón de manos y una leve inclinación de cabeza que él correspondió educadamente. Mientras recorría el camino de salida que lleva a la ruta 151, pensé en lo afortunado que fue al criarse en un sitio tan maravilloso.
Saturday, March 11, 2006
Hoteles abandonados
Siempre me atrajeron los hoteles abandonados, como el que se encuentra en las termas de Villavicencio. "Los hoteles son instituciones", me dijo el propietario de un establecimiento de mi ciudad y no puedo sino acordar con esa afirmación.
Son instituciones porque se encargan de recibir a los visitantes y porque funcionan como una suerte de puerta de entrada a una comunidad.
A pesar del esmero del personal, sin embargo, los hoteles siempre me resultaron fríos y tal vez por ello me hacen añorar el hogar.
Los hoteles abandonados son más fríos todavía, aunque con solo pensar en los momentos de felicidad que albergaron sus habitaciones que hoy se encuentran vacías y despobladas de muebles, cubiertas de telarañas y polvo, adquieren para mi un significado diferente.
Son instituciones porque se encargan de recibir a los visitantes y porque funcionan como una suerte de puerta de entrada a una comunidad.
A pesar del esmero del personal, sin embargo, los hoteles siempre me resultaron fríos y tal vez por ello me hacen añorar el hogar.
Los hoteles abandonados son más fríos todavía, aunque con solo pensar en los momentos de felicidad que albergaron sus habitaciones que hoy se encuentran vacías y despobladas de muebles, cubiertas de telarañas y polvo, adquieren para mi un significado diferente.


En la fotografía de arriba estoy posando frente al viejo hotel de las Termas de Villavicencio, en la provincia de Mendoza. Abajo puede verse el Gran Hotel Viena, construido muy probablemente por refugiados nazis en la localidad cordobesa de Miramar, a orillas de la laguna Mar Chiquita, cuyas aguas salobres hoy carcomen su estructura.
Wednesday, March 08, 2006
Temblorosa San Juan
Lo primero que llama la atención a quien visita por primera vez la ciudad es el horario comercial. La caravana de automóviles y colectivos abarrotados de gente que en otros sitios del país uno espera ver a las 5 o a lo sumo a las 7 de la tarde, aquí recién recorre las avenidas principales a las 10,30 de la noche. Indudablemente los sanjuaninos tienen predilección por las siestas prolongadas, lo que en parte se explica por el rigor del clima estival y del implacable viento Zonda que sopla en primavera.
La aridez y el riesgo sísmico son dos elementos con los cuales la sociedad sanjuanina convive desde hace siglos, a tal punto que una ley provincial castiga con prisión a quien derroche agua o, como me dijo jocosamente un gomero, "hasta que no comienzan a caerse las cosas, yo no me levanto de la cama", refiriéndose a los frecuentes temblores que se registran en toda la provincia.
Una de las cosas que primero llama la atención cuando se habla con un sanjuanino es su acento, mucho más parecido al chileno que el del resto de los habitantes de Cuyo.
La diferencia con la tonada mendocina es realmente notable y sólo se puede comparar con el contraste existente entre las zonas comerciales de las dos capitales, siendo la de San Juan mucho más provinciana y humilde.
Para quien proviene de una pequeña ciudad santafesina, la sencillez sanjuanina es realmente bienvenida.
Si tuviera que definir a la ciudad utilizaría la plabara temblorosa no por su falta de carácter sino porque padece frecuentes movimientos sísmicos y su población vive pensando en el próximo gran terremoto que nadie a ciencia cierta, ni siquiera los especialistas del Instituto Nacional de Prevención Sísmica que se encuentra naturalmente en San Juan, puede pronosticar.
La llama votiva que recuerda a las víctimas del terremoto que el 15 de enero de 1944 destruyó la ciudad, tiene en tal sentido, un significado que trasciende lo simbólico.
La aridez y el riesgo sísmico son dos elementos con los cuales la sociedad sanjuanina convive desde hace siglos, a tal punto que una ley provincial castiga con prisión a quien derroche agua o, como me dijo jocosamente un gomero, "hasta que no comienzan a caerse las cosas, yo no me levanto de la cama", refiriéndose a los frecuentes temblores que se registran en toda la provincia.
Una de las cosas que primero llama la atención cuando se habla con un sanjuanino es su acento, mucho más parecido al chileno que el del resto de los habitantes de Cuyo.
La diferencia con la tonada mendocina es realmente notable y sólo se puede comparar con el contraste existente entre las zonas comerciales de las dos capitales, siendo la de San Juan mucho más provinciana y humilde.
Para quien proviene de una pequeña ciudad santafesina, la sencillez sanjuanina es realmente bienvenida.
Si tuviera que definir a la ciudad utilizaría la plabara temblorosa no por su falta de carácter sino porque padece frecuentes movimientos sísmicos y su población vive pensando en el próximo gran terremoto que nadie a ciencia cierta, ni siquiera los especialistas del Instituto Nacional de Prevención Sísmica que se encuentra naturalmente en San Juan, puede pronosticar.
La llama votiva que recuerda a las víctimas del terremoto que el 15 de enero de 1944 destruyó la ciudad, tiene en tal sentido, un significado que trasciende lo simbólico.
Tuesday, February 28, 2006
Controversia sobre Veladero
El grupo parecía ajeno al bello in crescendo en el que insinuaba resolverse la interpretación de la mujer. Con una mezcla de colores oscuros y claros, con disonancias genialmente incorporadas y acordes superpuestos, la música rabeliana se mostraba en todo su esplendor pero parecía no resultar suficiente para la dueña de la posada, su hija y el hombre mayor, quienes continuaban enfrascados en una conversación que según pude escuchar, giraba en torno a la puesta en marcha de la mina del Veladero.
Mientras pensaba que probablemente estaban habituados a escuchar las interpretaciones de la pianista, hasta el punto que les resultaban ordinarias, comencé a interesarme en el tema de la mina cuya construcción, a casi 5 mil metros de altura, desató una fuerte polémica en toda la provincia.
Con una inversión de 500 millones de dólares, la canadiense Barrick Gold, segunda a nivel mundial en materia de explotaciones mineras, puso en marcha un emprendimiento que genera una gran controversia en todo el departamento de Iglesia, puesto que se encuentra en una reserva de biosfera conocida como San Guillermo, un territorio que hasta unos años atrás había permanecido virgen.
Lo que se le cuestiona a Barrick es la utilización de cianuro para la decantación del oro, motivo por el cual la comunidad de Esquel, le impidió explotar un yacimiento a través de un histórico plebiscito.
Mientras pensaba que probablemente estaban habituados a escuchar las interpretaciones de la pianista, hasta el punto que les resultaban ordinarias, comencé a interesarme en el tema de la mina cuya construcción, a casi 5 mil metros de altura, desató una fuerte polémica en toda la provincia.
Con una inversión de 500 millones de dólares, la canadiense Barrick Gold, segunda a nivel mundial en materia de explotaciones mineras, puso en marcha un emprendimiento que genera una gran controversia en todo el departamento de Iglesia, puesto que se encuentra en una reserva de biosfera conocida como San Guillermo, un territorio que hasta unos años atrás había permanecido virgen.
Lo que se le cuestiona a Barrick es la utilización de cianuro para la decantación del oro, motivo por el cual la comunidad de Esquel, le impidió explotar un yacimiento a través de un histórico plebiscito.
Sunday, February 19, 2006
Concierto en la posada
El restaurante se encuentra sobre la calle principal, en una generosa porción de tierra en la que abundan álamos y animales autóctonos. Con una disposición agradable, el edificio tiene unos grandes ventanales en los que de día se puede divisar el paisaje pero que por las noches se transforman en espejos oscuros que reflejan todo lo que acontece en el interior.
En el centro esta ubicado el imprescindible hogar que en los otoños e inviernos crudos de montaña, ayuda a calentar el ambiente, generándo una atmósfera propicia para el diálogo intimista.
Como llegamos cuando el verano estaba finalizando, tuvimos que soportar un irrespetuoso grupo de surfistas que se gritaban unos a otros, como si fuesen verdadero sordos.
Mientras el bullicio invadía la estancia nos concentramos en la tarea de ordenar la cena. Elegimos obviamente las truchas criadas en el lago del lugar, maravillosamente preparadas y servidas por una joven silenciosa que muy probablemente sea hija de la dueña.
En el otro extremo del salón había un grupo de mujeres que junto a un hombre charlaban amable e interesadamente, ignorando a los chillones de la mesa de al lado.
La conversación discurría sobre las posibilidades turísticas del lugar y del negocio en particular, que según entendí, en esa época del año es sostenido por los empleados jerárquicos de las minas que diariamente bajan desde las alturas para cenar.
Cuando los surfistas se marcharon, una de las mujeres, de piel muy blanca y larga cabellera negra, se sentó al piano y sin prestarle atención a nadie comenzó a realizar ejercicios de calentamiento para su dedos.
El aspecto concentrado de su rostro contradecía lo que tocaba, aunque prefiguraba algo inesperado. Yo la seguía a través de los reflejos en los grandes ventanales, donde también podía distinguir con claridad a la dueña de la posada, el invitado, un hombre mayor, vestido pulcramente y con modales educados, que al parecer tenía un profundo conocimiento de las actividades económicas de la región y a la jovencita que luego de retirar los cubiertos de la mesa que ocuparon los surfistas, se sentó junto a su madre y disfrutaba de un un postre que me pareció que era un budín de pan sazonado con arrope de uvas.
No me di cuenta del cambio de actitud de la pianista hasta que arremetió con una delicadeza conmovedora las primeras notas de un concierto de Ravel que escuchaba con mi madre cuando era niño.
Estaba ahora sentada con la postura relajada de una gran intérprete y se movía levemente con cada nota, elevando la cabeza cada vez que tocaba una nota grave, ajena por completo a quienes la rodeábamos.
En el centro esta ubicado el imprescindible hogar que en los otoños e inviernos crudos de montaña, ayuda a calentar el ambiente, generándo una atmósfera propicia para el diálogo intimista.
Como llegamos cuando el verano estaba finalizando, tuvimos que soportar un irrespetuoso grupo de surfistas que se gritaban unos a otros, como si fuesen verdadero sordos.
Mientras el bullicio invadía la estancia nos concentramos en la tarea de ordenar la cena. Elegimos obviamente las truchas criadas en el lago del lugar, maravillosamente preparadas y servidas por una joven silenciosa que muy probablemente sea hija de la dueña.
En el otro extremo del salón había un grupo de mujeres que junto a un hombre charlaban amable e interesadamente, ignorando a los chillones de la mesa de al lado.
La conversación discurría sobre las posibilidades turísticas del lugar y del negocio en particular, que según entendí, en esa época del año es sostenido por los empleados jerárquicos de las minas que diariamente bajan desde las alturas para cenar.
Cuando los surfistas se marcharon, una de las mujeres, de piel muy blanca y larga cabellera negra, se sentó al piano y sin prestarle atención a nadie comenzó a realizar ejercicios de calentamiento para su dedos.
El aspecto concentrado de su rostro contradecía lo que tocaba, aunque prefiguraba algo inesperado. Yo la seguía a través de los reflejos en los grandes ventanales, donde también podía distinguir con claridad a la dueña de la posada, el invitado, un hombre mayor, vestido pulcramente y con modales educados, que al parecer tenía un profundo conocimiento de las actividades económicas de la región y a la jovencita que luego de retirar los cubiertos de la mesa que ocuparon los surfistas, se sentó junto a su madre y disfrutaba de un un postre que me pareció que era un budín de pan sazonado con arrope de uvas.
No me di cuenta del cambio de actitud de la pianista hasta que arremetió con una delicadeza conmovedora las primeras notas de un concierto de Ravel que escuchaba con mi madre cuando era niño.
Estaba ahora sentada con la postura relajada de una gran intérprete y se movía levemente con cada nota, elevando la cabeza cada vez que tocaba una nota grave, ajena por completo a quienes la rodeábamos.
Tuesday, February 14, 2006
Descanso y sosiego
Mientras ascendíamos por la ruta provincial 150 y nos regocijábamos con los giros y contra giros del río Jáchal, comprendíamos por qué cuando uno viaja a sitios remotos experimenta la sensación de que se detienen los relojes, reforzada muy probablemente por la disminución gradual de los ruidos del ambiente que se limitan de manera progresiva al roce del viento en la vegetación y al canto de los pájaros.
La tranquilidad de Rodeo nos ayudó a sosegar nuestros sentidos después de las incréibles experiencias que habíamos vivido unos días antes, cuando visitamos por primera vez el Valle de la Luna y Talampaya, ordenando las sensaciones e imágenes que llevábamos muy frescas en la memoria.
También no sirvió como descanso para lo que vendría, una travesía por un olvidado camino de piedra a la localidad de Barreal, en el sudoeste provincial, donde comprendimos que el planeta todavía guarda sitios en los que se puede ser feliz.
La tranquilidad de Rodeo nos ayudó a sosegar nuestros sentidos después de las incréibles experiencias que habíamos vivido unos días antes, cuando visitamos por primera vez el Valle de la Luna y Talampaya, ordenando las sensaciones e imágenes que llevábamos muy frescas en la memoria.
También no sirvió como descanso para lo que vendría, una travesía por un olvidado camino de piedra a la localidad de Barreal, en el sudoeste provincial, donde comprendimos que el planeta todavía guarda sitios en los que se puede ser feliz.
Destinos inesperados
Descubrimos el camino que lleva a Rodeo, en el noroeste de la provincia de San Juan, por un accidente: el policía que estaba de guardia en el puesto caminero de Huaco juzgó que la camioneta en la que nos conducíamos no era lo suficientemente alta como para vadear el agua que cubría la ruta nacional 40 y nos derivó por un viejo camino de ripio, en el que atravesamos varios túneles y contemplamos la belleza del atardecer en el embalse Cauquenes antes de arribar a San José de Jáchal.

Con alrededor de 20 mil habitantes, la ciudad más importante del norte sanjuanino nos recibió con el fervor inusual de un espectáculo que no esperábamos presenciar, la carrera ciclística conocida como Vuelta de San Juan.
Mientras intentábamos eludir la fila de ciclistas que recorría las calles y avenidas de una ciudad paralizada, pensamos en lo grato que resulta saber que los deportes menos populares todavía captan el interés de las multitudes en los pueblos de provincias.
Tras consultar los mapas disponibles y sabiendo que nos tomaría parte de la noche llegar a Barreal, transitando un camino que no conocíamos, optamos por dirigirnos a Rodeo, una pequeña localidad turística situada a unas decenas de kilómetros hacia el oeste, en dirección de la cordillera de los Andes.
El camino sumamente sinuoso, bordea el impetuoso río Jachal, ofreciendo imágenes que difícilmente puedan borrarse de la memoria del viajero.
Llegamos a destino tras eludir un camión de gran porte que venía en dirección opuesta, un verdadero riesgo puesto que ese tipo de vehículos solamente pueden transitar esta ruta con una autorización especial.
Nos detuvimos en los bordes del dique Cuesta del Viento, al que muchos consideran el paraíso del wind surf en Argentina pero que ofrece paisajes extraordinarios y una variada cantidad de aves que se dejan observar sin demasiados pudores.
La localidad es pequeña y remota pero está preparada para recibir con calidez a los turistas, ofreciendo delicadezas como un restaurante gourmet en medio de los cerros, adonde baja diariamente para almorzar y cenar el personal de las minas ubicadas en la alta montaña y donde se puede disfrutar de exquisitas truchas criadas en el lugar.

Con alrededor de 20 mil habitantes, la ciudad más importante del norte sanjuanino nos recibió con el fervor inusual de un espectáculo que no esperábamos presenciar, la carrera ciclística conocida como Vuelta de San Juan.
Mientras intentábamos eludir la fila de ciclistas que recorría las calles y avenidas de una ciudad paralizada, pensamos en lo grato que resulta saber que los deportes menos populares todavía captan el interés de las multitudes en los pueblos de provincias.
Tras consultar los mapas disponibles y sabiendo que nos tomaría parte de la noche llegar a Barreal, transitando un camino que no conocíamos, optamos por dirigirnos a Rodeo, una pequeña localidad turística situada a unas decenas de kilómetros hacia el oeste, en dirección de la cordillera de los Andes.
El camino sumamente sinuoso, bordea el impetuoso río Jachal, ofreciendo imágenes que difícilmente puedan borrarse de la memoria del viajero.
Llegamos a destino tras eludir un camión de gran porte que venía en dirección opuesta, un verdadero riesgo puesto que ese tipo de vehículos solamente pueden transitar esta ruta con una autorización especial.
Nos detuvimos en los bordes del dique Cuesta del Viento, al que muchos consideran el paraíso del wind surf en Argentina pero que ofrece paisajes extraordinarios y una variada cantidad de aves que se dejan observar sin demasiados pudores.
La localidad es pequeña y remota pero está preparada para recibir con calidez a los turistas, ofreciendo delicadezas como un restaurante gourmet en medio de los cerros, adonde baja diariamente para almorzar y cenar el personal de las minas ubicadas en la alta montaña y donde se puede disfrutar de exquisitas truchas criadas en el lugar.
Thursday, February 09, 2006
Experiencias trascendentes
¿Se puede escribir sobre el sufrimiento sin haberlo experimentado? ¿Es el sufrimiento más trascendente o genuino que el amor, el odio o el rencor? Me refiero a lo que siente alguien que ha sido marcado para toda la vida por la pérdida o la enfermedad incurable de seres queridos, al dolor permanente que los acompaña de manera silenciosa y omnipresente.
Es probable que el sufrimiento pueda ser representado a través del arte, incluso por artistas que no lo hayan experimentado profundamente, lo que constituye una posibilidad esperanzadora puesto que abre las puertas de la comprensión y la compasión.
El amor y el sufrimiento son dos experiencias trascendentes, son la materia prima para el arte, el mármol del escultor, los colores del pintor, las palabras del escritor y las notas del músico.
Es probable que el sufrimiento pueda ser representado a través del arte, incluso por artistas que no lo hayan experimentado profundamente, lo que constituye una posibilidad esperanzadora puesto que abre las puertas de la comprensión y la compasión.
El amor y el sufrimiento son dos experiencias trascendentes, son la materia prima para el arte, el mármol del escultor, los colores del pintor, las palabras del escritor y las notas del músico.
Wednesday, February 08, 2006
Lecturas veraniegas
La siempre sorprendente avenida Corrientes, hoy más angosta y con veredas más amplias, tiene para mi un atractivo irresistible: las librerías de saldos que se distribuyen por ambas manos. Cada vez que visito uno de esos comercios regreso con títulos invalorables, como las memorias de los escritores argentinos Ernesto Schoo y Adolfo Bioy Casares.
Sobre el libro del primero todavía no puedo hablar porque solamente leí el prólogo del autor y sobre "Descanso de caminantes", los diarios íntimos de Bioy, no puedo decir otra cosa que es un texto brillante, delicioso y por momentos conmovedor.
Tras defender la literatura breve y fugaz, contradiciendo al mismísimo Borges, Bioy es capaz de relatar con precisión teutona el fusilamiento de un terrorista a principios de la última dictadura y de arrancarnos una carcajada cuando recomienda "no querer demasiado a los chicos, porque uno no sabe en qué monstruos se convertirán".
Sobre el libro del primero todavía no puedo hablar porque solamente leí el prólogo del autor y sobre "Descanso de caminantes", los diarios íntimos de Bioy, no puedo decir otra cosa que es un texto brillante, delicioso y por momentos conmovedor.
Tras defender la literatura breve y fugaz, contradiciendo al mismísimo Borges, Bioy es capaz de relatar con precisión teutona el fusilamiento de un terrorista a principios de la última dictadura y de arrancarnos una carcajada cuando recomienda "no querer demasiado a los chicos, porque uno no sabe en qué monstruos se convertirán".
Wednesday, January 25, 2006
Políticamente incorrecto
El triunfo de Michelle Bachelet en las elecciones presidenciales de Chile logró indirectamente devolverme el buen humor que el trabajo y el insoportable calor del verano me habían quitado. Digo indirectamente porque me divertí a lo grande leyendo las opiniones de renombrados y anónimos analistas políticos de la prensa argentina, quienes sin abandonar la consabida pose progresista, debieron sudar la gota gorda para hallar una explicación a tamaña muestra de madurez cívica.
¿Es que los chilenos se civilizaron de golpe?, me preguntaba entre risas, luego de leer cada uno de los artículos que iban apareciendo en diarios nacionales y regionales.
Por ejemplo, el diario en el que yo trabajo, editorializó entre otras cosas, sobre las diferencias cualitativas existentes entre los electores chilenos y argentinos. "Uno de los méritos indudables de la ciudadanía de Chile es que aun con tropiezos pavorosos, como la dictadura pinochetista, pudo reconstruir una democracia pluralista basada en partidos políticos y coaliciones que funcionan. El requisito es simple en términos teóricos y efectivo en el ámbito práctico: la sociedad civil supo mantener su autonomía respecto de las corporaciones y el Estado incluyendo arduos tropiezos y viejas tentaciones autoritarias", escribió el editorialista dos días después de la consagración de la primera presidenta de la historia del país trasandino.
¿Es realmente la sociedad chilena tan pluralista y autónoma como se nos intenta hacer creer? Claro que no y Raúl Alnfonsín, uno de los observadores destacados que tuvo el acto comicial, tuvo la dignididad propia de un ex presidente para destacarlo: "La socialdemocracia implica la búsqueda de la mayor igualdad posible respetando absolutamente la libertad", señaló desde Santiago a una emisora radial argentina, pocas horas después de la consagración de Bachelet.
Obviamente, Alfonsín tuvo también pudor para explicar qué significa la frase "respeto absoluto por la libertad" pero no se lo puede culpar por no decir lo políticamente correcto, al fin y al cabo él sigue siendo un animal político...
La propia presidenta electa dio pistas sobre el asunto, unos días después, cuando defendió publicamente la posibilidad de negociar con Estados Unidos la instalación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Lo que viene primando en Chile, desde hace varias décadas, incluso durante una parte de la dictadura de Pinochet, es un acuerdo básico sobre la economía y eso es algo que respetan los partidos y coaliciones, sean de izquierda, de centro o de derecha.
Claro que esto no es lo políticamente correcto en un país como el nuestro, donde la pose significa más que el peso de lo real y donde es más facil decir que los chilenos siempre fueron ciudadanos ejemplares, en lugar de reconocer que ellos nunca abandonaron el camino de la democracia liberal, donde la prosperidad genera desarrollo social y sustento institucional.
¿Es que los chilenos se civilizaron de golpe?, me preguntaba entre risas, luego de leer cada uno de los artículos que iban apareciendo en diarios nacionales y regionales.
Por ejemplo, el diario en el que yo trabajo, editorializó entre otras cosas, sobre las diferencias cualitativas existentes entre los electores chilenos y argentinos. "Uno de los méritos indudables de la ciudadanía de Chile es que aun con tropiezos pavorosos, como la dictadura pinochetista, pudo reconstruir una democracia pluralista basada en partidos políticos y coaliciones que funcionan. El requisito es simple en términos teóricos y efectivo en el ámbito práctico: la sociedad civil supo mantener su autonomía respecto de las corporaciones y el Estado incluyendo arduos tropiezos y viejas tentaciones autoritarias", escribió el editorialista dos días después de la consagración de la primera presidenta de la historia del país trasandino.
¿Es realmente la sociedad chilena tan pluralista y autónoma como se nos intenta hacer creer? Claro que no y Raúl Alnfonsín, uno de los observadores destacados que tuvo el acto comicial, tuvo la dignididad propia de un ex presidente para destacarlo: "La socialdemocracia implica la búsqueda de la mayor igualdad posible respetando absolutamente la libertad", señaló desde Santiago a una emisora radial argentina, pocas horas después de la consagración de Bachelet.
Obviamente, Alfonsín tuvo también pudor para explicar qué significa la frase "respeto absoluto por la libertad" pero no se lo puede culpar por no decir lo políticamente correcto, al fin y al cabo él sigue siendo un animal político...
La propia presidenta electa dio pistas sobre el asunto, unos días después, cuando defendió publicamente la posibilidad de negociar con Estados Unidos la instalación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Lo que viene primando en Chile, desde hace varias décadas, incluso durante una parte de la dictadura de Pinochet, es un acuerdo básico sobre la economía y eso es algo que respetan los partidos y coaliciones, sean de izquierda, de centro o de derecha.
Claro que esto no es lo políticamente correcto en un país como el nuestro, donde la pose significa más que el peso de lo real y donde es más facil decir que los chilenos siempre fueron ciudadanos ejemplares, en lugar de reconocer que ellos nunca abandonaron el camino de la democracia liberal, donde la prosperidad genera desarrollo social y sustento institucional.
Tuesday, January 24, 2006
Sentimiento trascendental
Este poema que voy a transcribir fue escrito por John Keats en 1819 y me acompaña desde hace casi quince años. A pesar de su simpleza, cada vez que lo leo, lo que ocurre al menos tres o cuatro veces por año, descubro nuevas interpretaciones.
Pienso que lo que me impacta, además de haber sido escrito por un joven de 24 años, es su capacidad de sintentizar la siempre misteriosa experiencia del amor.
Los últimos versos dan la clave cuando equiparan el sentimiento del amor profundo e incondicional con la fe religiosa.
Como solía decirle a un viejo amigo al que ya no he vuelto a ver "uno se da cuenta que está irremediablemente enamorado cuando comienza a rezar para poder controlarse y para no perder -o recuperar- a la bien amada".
Sweet voice, sweet lips, soft hand, and softer breast,
Warm breath, light whisper, tender semi-tone,
Bright eyes, accomplished shape, and languorous waist!
Faded the flower and all its budded charms,
Faded the sight of beauty from my eyes,
Faded the shape of beauty from my arms,
Faded the voice, warmth, whiteness, paradise
Vanished unseasonably at shut of eve,
When the dusk holiday -or holinight-
Of fragrant-curtained love begins to weave
The woof of darkness thick, for hid delight;
But, as I've read love's missal through today,
He'll let me sleep, seeing I fast and pray.
Pienso que lo que me impacta, además de haber sido escrito por un joven de 24 años, es su capacidad de sintentizar la siempre misteriosa experiencia del amor.
Los últimos versos dan la clave cuando equiparan el sentimiento del amor profundo e incondicional con la fe religiosa.
Como solía decirle a un viejo amigo al que ya no he vuelto a ver "uno se da cuenta que está irremediablemente enamorado cuando comienza a rezar para poder controlarse y para no perder -o recuperar- a la bien amada".
The day is gone, and all its sweets are gone!
Sweet voice, sweet lips, soft hand, and softer breast,
Warm breath, light whisper, tender semi-tone,
Bright eyes, accomplished shape, and languorous waist!
Faded the flower and all its budded charms,
Faded the sight of beauty from my eyes,
Faded the shape of beauty from my arms,
Faded the voice, warmth, whiteness, paradise
Vanished unseasonably at shut of eve,
When the dusk holiday -or holinight-
Of fragrant-curtained love begins to weave
The woof of darkness thick, for hid delight;
But, as I've read love's missal through today,
He'll let me sleep, seeing I fast and pray.
Sunday, January 22, 2006
Año 1, número 1
La proximidad de una nueva mudanza facilitó mi reencuentro con viejos títulos de mi biblioteca que ya me había olvidado que existían. Entre todos ellos rescaté el "número uno del año uno" de La Anunciación, una revista literaria que debe haber sido publicada entre finales de la década del ochenta y principios de los noventa.
De estilo sobrio, hasta podría decirse austero, la edición no tiene ni siquiera una fotografía o ilustración, lo que la hace todavía más singular y anacrónica, si se la compara con las revistas literarias de este siglo XXI, en donde las ilustraciones tienen más importancia que los textos, para beneplácito de los diseñadores gráficos.
La nota principal era un texto crítico sobre la tendencia predominante en la cultura de la época, donde comenzaba a tomar forma un discurso antidemocrático que con el tiempo no solo que no desapareció sino que incluso se fue acentuando, con la consagración de figuras políticas de sesgo claramente autoritario como Fidel Castro o Hugo Chávez.
Me pregunto qué pensará ahora su lúcido autor, el escritor Luis Thonis, de quien no he vuelto a tener referencias.
Cuando tomé contacto con su ideas tenía poco más de veinte años y me desempeñaba como crítico literario en el diario La Capital de Rosario. Había probado directamente el sabor insoportable del "nuevo dogma" en los años previos de la Universidad y su lectura reforzó la elección que durante mi temprana educación hice sobre la ideología liberal.
Ese artículo que el sábado volví a leer con detenimiento casi quince años después, fue el primer texto que encontré en donde no se denostaba la obra de Sarmiento sino que se la exaltaba, examinándola en su justa y real dimensión.
De estilo sobrio, hasta podría decirse austero, la edición no tiene ni siquiera una fotografía o ilustración, lo que la hace todavía más singular y anacrónica, si se la compara con las revistas literarias de este siglo XXI, en donde las ilustraciones tienen más importancia que los textos, para beneplácito de los diseñadores gráficos.
La nota principal era un texto crítico sobre la tendencia predominante en la cultura de la época, donde comenzaba a tomar forma un discurso antidemocrático que con el tiempo no solo que no desapareció sino que incluso se fue acentuando, con la consagración de figuras políticas de sesgo claramente autoritario como Fidel Castro o Hugo Chávez.
Me pregunto qué pensará ahora su lúcido autor, el escritor Luis Thonis, de quien no he vuelto a tener referencias.
Cuando tomé contacto con su ideas tenía poco más de veinte años y me desempeñaba como crítico literario en el diario La Capital de Rosario. Había probado directamente el sabor insoportable del "nuevo dogma" en los años previos de la Universidad y su lectura reforzó la elección que durante mi temprana educación hice sobre la ideología liberal.
Ese artículo que el sábado volví a leer con detenimiento casi quince años después, fue el primer texto que encontré en donde no se denostaba la obra de Sarmiento sino que se la exaltaba, examinándola en su justa y real dimensión.
Saturday, January 21, 2006
Un antiguo paso cordillerano
Recorrer la ruta provincial que une Villavicencio con Uspallata, en la provincia de Mendoza, es una experiencia altamente recomendable. Antes de que se construyera la ruta nacional 7, el camino servía para llegar a Chile transponiendo los Andes.
Según los lugareños el ascendente camino con forma de caracol cuenta con 365 curvas, es decir, la misma cantidad de días que contiene un año.
El paisaje es sobrecogedor en la mayoría de los tramos y hasta es posible divisar cóndores y manadas de guanacos, tal como nos ocurrió hace aproximadamente un año.
Si se lo recorre desde Uspallata se puede terminar la travesía en el histórico hotel Villavicencio, una construcción fantástica levantada a principios del siglo pasado en una quebrada de la precordillera ubicada a casi dos mil metros sobre el nivel del mar.
El hotel ya no recibe pasajeros pero es conservado por la empresa que adquirió la marca de agua mineral Villavicencio como un testimonio de los años dorados de la región y el país.
La hostería que recibe diariamente a cientos de turistas ofrece delicias que conviene disfrutar antes de emprender o al terminar el viaje, compartiendo las emociones vividas o las expectativas que siempre despierta lo que está por venir.
Según los lugareños el ascendente camino con forma de caracol cuenta con 365 curvas, es decir, la misma cantidad de días que contiene un año.
El paisaje es sobrecogedor en la mayoría de los tramos y hasta es posible divisar cóndores y manadas de guanacos, tal como nos ocurrió hace aproximadamente un año.
Si se lo recorre desde Uspallata se puede terminar la travesía en el histórico hotel Villavicencio, una construcción fantástica levantada a principios del siglo pasado en una quebrada de la precordillera ubicada a casi dos mil metros sobre el nivel del mar.
El hotel ya no recibe pasajeros pero es conservado por la empresa que adquirió la marca de agua mineral Villavicencio como un testimonio de los años dorados de la región y el país.
La hostería que recibe diariamente a cientos de turistas ofrece delicias que conviene disfrutar antes de emprender o al terminar el viaje, compartiendo las emociones vividas o las expectativas que siempre despierta lo que está por venir.
Tuesday, January 17, 2006
El capitán Cook
Antes de echar mano al libro de Hudson me entretuve con una cuidada edición española de los diarios de viaje del capitán James Cook. ¡Eso sí que era viajar! exclamé mientras revisaba los itinerarios de sus tres vueltas al globo.
El texto original, no obstante, defrauda por sus escasos atributos expresivos, limitándose de tal manera a un valor meramente testimonial.
Cuentan que Cook, uno de los marinos más destacados de la historia, careció de educación, circunstancia que se nota en cada página de sus diarios de viaje. Un injustificado pudor hizo que los sucesivos editores de los diarios pulieran los textos al punto de desfigurarlos y lo que es más lamentable, desnaturalizarlos.
Tendré que esmerarme para que mis humildes apuntes de viajes no corran la suerte del capitán Cook, me dije a modo de íntima broma. Tal vez, si los alisios me acompañan... quien sabe...
El texto original, no obstante, defrauda por sus escasos atributos expresivos, limitándose de tal manera a un valor meramente testimonial.
Cuentan que Cook, uno de los marinos más destacados de la historia, careció de educación, circunstancia que se nota en cada página de sus diarios de viaje. Un injustificado pudor hizo que los sucesivos editores de los diarios pulieran los textos al punto de desfigurarlos y lo que es más lamentable, desnaturalizarlos.
Tendré que esmerarme para que mis humildes apuntes de viajes no corran la suerte del capitán Cook, me dije a modo de íntima broma. Tal vez, si los alisios me acompañan... quien sabe...
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